Turín y la Síndone

Ya estoy de vuelta de Turín. Mis pecados han sido perdonados frente a la Sábana Santa. He comido helados maravillosos. He cenado cosas buenísimas. He comprado bombones (giandujiotti) para casa. He comprado grissini de varios tipos. He andado un montón y prácticamente no he visto nada de Turín. Pero vayamos poco a poco.

El viaje empezó muy bien, aunque después de lo de la lluvia de cenizas me esperaba que la situación fuera un poco caótica, pero me equivoqué. Como ya os conté, me dieron un tique para indemnizarme por el overbooking de Roma y aproveché para ir a cobrarlo ya que los amables señores de Iberia sólo te lo pagan si vas al aeropuerto. Entregué el justificante y... en vez de pagarme 125€ me pagaron 250. No pregunté, me los metí en el bolsillo y me largué corriendo, tal vez de una manera un tanto sospechosa, aunque nadie me dijo nada.

Llegó la hora de embarcar y nos llevaron a un avión que era como un autobús. Es cierto, tenía sólo 50 plazas. No podíamos ni meter el equipaje de mano dentro porque no había sitio. El avión tenía su propia escalerilla incorporada. Cuando ya nos íbamos un señor mayor se levantó y dijo que nos íbamos sin su maleta, que la podía ver por la ventana y era verdad. El comandante dijo que no había sitio en la bodega.

El viaje no es muy largo, una hora y media. Y mirando por la ventanilla vi el comienzo de los alpes que es algo impresionante. Vas viendo un campo totalmente plano con sus cultivos, sus pueblecitos, sus carreteras y, de repente, sin una mera colinilla ni nada, aparecen montañas gigantescas por todas partes. Realmente espectacular.

Una vez en Turín tuve poco tiempo para ver la ciudad, pero es bonita. Tiene un montón de soportales (me dijeros que más de 40 kilómetros). Me comí varios helados. Los helados italianos son los mejores del mundo. Nos invitaron los de Turín a una cena buenísima con siete u ocho platos a cual más rico. El hotel estaba bien, incluso dormí algo por la noche. Por supuesto, como cualquier ciudad que se precie, estaba lleno de españoles gritando.

El viernes por la mañana fui a ver la Sábana Santa y tengo que decir que no creo que sea auténtica ni soy creyente, pero está muy bien montado y te hace pensar. Te hace pensar en que hubo hombres a los que les pasó eso. Te hace pensar en que Jesús lo hizo voluntariamente, se entregó a su destino y sufrió muchísimo. No me he convertido, pero sí he reflexionado. La próxima vez que la expongan será en el 2025.

Compré bombones, me dijeron donde vendían las mejores tartas de chocolate, aunque al final no tuve tiempo de comprarlas. Compré regalos para los niños en el aeropuerto de Madrid porque no encontré ningún sitio con cosas de niños. Compré el regalo de Anniehall de cumpleaños, aunque eso dará para otro post de cómo meter la pata.

En fin, que muy bien, Turín es un sitio muy recomendable y supongo que entrando en los sitios, parándose a tomarse un chocolatito o un café debe de ser mucho más recomendable, pero eso habrá que dejarlo para otra vez.

3 comentarios:

  1. Sin ánimo de hacer sangre, ¿vas a ver la Sábana Santa y no vas al Panteón?, uyuyuyuy.

    En serío yo también habría ido y le hubiera dado vueltas al coco. Siento mucha envidia cochina, quiero ir a Turín!!!!

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  2. Tú sigue hurgando en la herida...

    Espero que antes del 2025 pueda ir a Roma y ver el Panteón.

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  3. Helados? Has dicho helados? Soy la fan numero 1 de los helados. Qué me dices de los de amarena? o el de vainilla con Amaretto di Saronno?

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