La empatía, esa gran desconocida

La empatía es una de las características del ser humano que nos hace poder vivir en sociedad. Viene a ser la capacidad de entender los sentimientos de otra persona, comprender como se siente. Eso nos hace ser mejores personas y nos permite respetarnos o, si no tanto, al menos tolerarnos. Uno de los métodos totalitarios para acabar con grupos de personas fue el despojarles de su condición humana a otra sub-humana para romper esos lazos de empatía.

Creo que fue Proust, lo tengo apuntado por alguna parte, pero no lo encuentro, el que dijo algo así como que para él había personajes de ficción cuyas alegrías y tristezas le llegaban más que las de seres reales por los que no sentía el mismo afecto. A mí eso me pasó precisamente leyendo en Busca del Tiempo Perdido. Tampoco quiero desvelar nada, pero hay un momento en que alguien muere y yo, al igual que el protagonista, no podía creérmelo, leía cada página esperando que fuera una equivocación, pensado fríamente es un poco absurdo que estando rodeados de circunstancias reales busquemos otras inventadas. Ahí reside la magia de la literatura o del cine. Vargas Llosa lo dijo en su discurso del Nobel: "Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad".

Yo soy una persona con empatía, con empatía por las personas reales y por los personajes, reales o imaginarios, sobre los que leo. Cuando leo un libro de exploraciones polares siento pena por todas las inclemencias que pasan, me angustio cuando veo que se acercan a un final del que no pueden escapar, deseo que tengan un final feliz. Ya he dicho en alguna ocasión que yo hay veces que lloro viendo películas, eso no deja mi hombría muy bien, pero es así. Además, cuando más se me escapa la lágrima es con los finales felices, cuando se reúnen todos y suena la música alegre y todos se abrazan y se dan besos o sale un niño corriendo hacia su madre gritando 'mamá, mamá!'

También lloro con los melodramas, aunque menos. La semana pasada se me escapó alguna lagrimilla viendo Los Puentes de Madison. Qué le vamos a hacer!

Pero para que esto ocurra, tengo que creerme la historia, tengo que meterme en situación. Tampoco creo que sea muy exigente al respecto, pero hay veces, no sé por qué, que esa empatía con los personajes no llega. Me importa un pito lo que les pase. Eso es lo que me ha pasado leyendo el Último Encuentro de Sándor Márai. Sé que a muchísima gente le ha encantado, gente con la que muchas veces coincido en sus gustos. Fue un libro de muchísimo éxito cuando salió editado hace unos cuantos años y tenía ganas de leérmelo. Pero solo puedo calificarlo como decepción.

Voy a intentar dar unas razones a posteriori de por qué no me ha gustado. Desvelaré parte del argumento, por lo que si alguno no se lo ha leído y quiere hacerlo, que no siga leyendo. Al final las causas por la que algo nos gusta o no nos gusta no son fácilmente interpretables, voy a escribir unas cuantas, pero puede que no sean las auténticas.

(SPOILER)

Para empezar, he de decir (y esto es solo culpa mía), que me pareció muy aburrido y con un estilo de escritura que (nuevamente es mi opinión) no ha pasado la prueba del tiempo. Parece apolillada y poco creíble. Hay que tener en cuenta que se escribió en 1942. Otros libros de ese año son El Extranjero de Camus, La Familia de Pascual Duarte de Cela o Cuentos de Invierno de Dinesen. El tipo de escritura de Márai pega más con la novela del XIX que con la de pleno siglo XX, aunque eso no tiene por qué significar nada, yo soy un apasionado de la novela, novela que es la del XIX, pero de todas formas es algo que me sucedía al leerlo, no podía creerme que la novela transcurriera en 1940.

Hay un uso de adjetivos constante y de discursos interminables que, aunque pudieran estar bien escritos (¿quién soy yo para decir nada al respecto?), se me hacían larguísimos y poco naturales. Los discursos que da el general se me atragantaban, casi me dejaban sin respirar y estaba deseando que terminaran.

Cuando no te crees lo que dicen, cuando los ves no como personajes, sino como títeres sin vida, aún no está todo perdido, queda la historia, pero en este caso ni tan siquiera esto. El único interés que me quedaba era ver si la historia se resolvía, pero termina siendo como una gaseosa a la que al final se le ha ido todo el gas. Ves esas vidas desperdiciadas, esa incomunicación absurda, esa flema permanente y ese final que no da ninguna justificación a semejante retahila de rencores, huidas, incomprensiones y falsos sobreentendidos que me dejó completamente frío con un pensamiento del tipo 'Y esto era todo?'.

Ahora voy a aventurar una hipótesis, es totalmente arbitraria y seguramente descabellada, pero este blog no está para pensamientos profundos. Casi apostaría a que el origen de esta novela está en una cafetería vienesa o de Budapest en el que en algún momento de la sobremesa hubo alguien que dijo 'a que no hay huevos?'. A lo que el señor Márai respondió lo que todo hombre respondería 'qué no? vas a ver tú si hay huevos o no!'. Y esta novela es el resultado. Ya digo que seguramente seré justamente reprendido por decir esto, pero es lo que me parece.

Llegado a este punto, reconozco que hay algunas reflexiones y pasajes que sí que me gustaron y me hicieron pensar y disfrutar, pero eran retazos sueltos. Os pongo algunos de los que he subrayado:

"Ya no se acordaba ni siquiera del momento en que el enfado y el deseo de venganza habían dado paso a la espera. El tiempo lo conserva todo, pero todo se vuelve descolorido, como en las fotografías antiguas, fijadas en placas metálicas. La luz y el paso del tiempo desgastan los detalles precisos que caracterizan los rostros fotografiados. Hay que mirar la imagen desde distintos ángulos y buscar la luz apropiada para reconocer el rostro de la persona cuyos rasgos han quedado fijados en el espejo ciego de la placa. De la misma manera se desvanecen en el tiempo todos los recuerdos humanos. Luego, en algún momento inesperado, nos llega un rayo de luz y entonces volvemos a ver el mismo rostro olvidado."

"El deseo de ser diferentes de quienes somos: no puede latir otro deseo más doloroso en el corazón humano, porque la vida no se puede soportar de otra manera que sabiendo que nos conformamos con lo que significamos para nosotros mismos y para el mundo. Tenemos que conformarnos con lo que somos, y ser conscientes de que a cambio de esta sabiduría no recibiremos ningún galardón de la vida: no nos pondrán ninguna condecoración por saber y aceptar que somos vanidosos, egoístas, calvos y tripudos; no, hemos de saber que por nada de eso recibiremos galardones ni condecoraciones. Tenemos que soportarlo, éste es el único secreto. Tenemos que soportar nuestro carácter y nuestro temperamento, ya que sus fallos, egoísmos y ansias no los podrán cambiar ni nuestras experiencias ni nuestra comprensión. Tenemos que soportar que nuestros deseos no siempre tengan repercusión en el mundo. Tenemos que soportar que las personas que amamos no siempre nos amen, o que no nos amen como nos gustaría. Tenemos que soportar las traiciones y las infidelidades, y lo más difícil de todo: que una persona en concreto sea superior a nosotros, por sus cualidades morales o intelectuales."

"Cuando se acaba el deseo de placer, ya sólo quedan los recuerdos, las vanidades, y entonces sí que envejece uno, fatal y definitivamente. Un día te despiertas y te frotas los ojos, y ya no sabes para qué te has despertado. Lo que el nuevo día te traiga, ya lo conoces de antemano: la primavera, el invierno, los paisajes, el clima, el orden de la vida. Ya no puede ocurrirte nada imprevisto: no te sorprende ni lo inesperado, ni lo inusual, ni siquiera lo horrendo, porque ya conoces todas las posibilidades, ya lo tienes todo visto y calculado, ya no esperas nada, ni lo bueno, ni lo malo... y esto precisamente es la vejez."

"cada beso humano, es también una respuesta —a su manera distorsionada y tierna— a una pregunta que no se puede formular con palabras."

Pues eso, tampoco ha sido horroroso, pero esperaba más, bastante más de este libro. Ahora podéis despellejarme, pero por favor, hacedlo con empatía.

14 comentarios:

  1. Ya sabes que yo estoy en total desacuerdo contigo. Para mi es una de las mejores novelas que he leído nunca y una de las muy escasas que he releído...pero a lo mejor es porque yo soy mucho más retorcida que tú y tengo más empatía con los personajes....

    ..y soy más bruja, claro.

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  2. Puede ser, puede ser. Tu modestia, además, te impide hacer notar que eres además más lista.

    Lo de que tengas más empatía que yo con los personajes es seguro, porque yo he tenido muy poquita,

    Seguramente la tara esté en mí, no lo dudo.

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  3. XD tu no tienes ninguna tara..¡¡eres un tio grande!!!


    ...jajajaj..parecemos ingleses..

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  4. Entonces habrá que discutir esta puntual desavenencia frente a una taza de té con una nube de leche, se lo ruego, por favor. XDD

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  5. Me dejó tan buen recuerdo, que no quiero releerlo por ahora.

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  6. Beatriz, yo asumo que el raro soy yo. Sé que le ha gustado a muchísima gente y sé que véis algo que yo no veo.

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  7. Ay, qué alivio. Por fin alguien que opina lo que yo y es capaz de expresarlo estupendamente. En su momento me sentí una incomprendida cuando lo leí y fui incapaz de compartir el entusiasmo de mi familia respecto a la novela.

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  8. Últimamente no coincidimos nada, yo también me considero empática y éste libro me encantó, es más creo que es el mejor de su autor con diferencia, incluso es de los que recomiendo.
    Con "los puentes de Madison" lloré un montón pero me pareció un pastelazo de órdago.

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  9. Hay que hacer notar que Anniehall y yo no tenemos en general los mismos gustos literarios.

    Y también tengo que aclarar que no es que me haya sobornado con los whoopie pies. La opinión es mía 100%!

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  10. Pues está claro que me alejo de la mayoría del gusto lector. Asumo mi rareza, Pseudosocióloga. tened empatía conmigo, porfa!

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  11. A mi tampoco me gustó, aunque es corto y se lee bien.
    No era el cómo estaba escrito era que la historia no me decia nada y cada página que pasaba era para llegar a ver el final. ¡Lo de la gaseosa..., tal cual!.
    Me pareció "un triste", no apto para depresivos.
    Seguramente sea que tampoco tuve empatia o lo que sea.

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  12. Bueno, 112, pues bienvenida al club de los descastados! Sí, el estilo no es lo que me echa para atrás, aunque lo considere algo anticuado. Con Nemirovski también dije que el estilo no acababa de gustarme, pero me enganchó.

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  13. Como siempre me dan ganas de leerme los libros que comentas, hasta que pones mal, por curiosidad.
    A mí la vez que más me ha pasado fue con un final de temporada de Dexter (no es tan cultural), que me quedé temblando y me senté a la mesa sin ser capaz ni de cenar. No dijo qué pasaba, pero fue igual o peor que en situaciones personales.

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  14. Pues cuando quieras te lo dejo, ya ves que a casi todo el mundo le ha gustado, Eliahh.

    Es verdad que hay veces que te importan o te afectan más personas inexistentes. Al final estableces una comunicación, una afinidad. Es la mágia de la literatura o del cine o de las series.

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