Hablemos de Langostas

"Locke, en el siglo XVII, postuló (y reprobó) un idioma imposible en el que cada cosa individual, cada piedra, cada pájaro y cada rama tuviera un nombre propio; Funes proyectó alguna vez un idioma análogo, pero lo desechó por parecerle demasiado general, demasiado ambiguo. En efecto, Funes no sólo recordaba cada hoja de cada árbol, de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado."
Funes el memorioso. Ficciones. Jorge Luis Borges.

Este es el segundo libro del Club de Lectura 2.0 y fue elegido por Bichejo que está encantadísima con este autor, David Foster Wallace. El libro es un compendio de artículos y ensayos de los años 90 y principios del siglo XXI sobre temas muy diversos: el mundo del porno, el atentado de las torres gemelas, un nuevo diccionario de uso del inglés americano, el sufrimiento de los animales, la campaña electoral de McCain en el 2000, las tertulias radiofónicas de derechas, una reseña sobre un análisis de la obra de Dostoievski... bastante variado, como podéis ver.

Yo tengo que decir que en líneas generales me ha aburrido un montón y que si no hubiera sido por el club de lectura lo habría dejado de leer hace tiempo. Hay momentos en los que es divertido, pero son como fogonazos en medio del desierto. Supongo que si alguno de los temas en los ensayos más largos me hubiera interesado, la sensación general puede que fuera distinta.

He puesto al comienzo una cita de un cuento de Borges, Funes el memorioso, que tiene, a mi parecer, bastantes similitudes con este señor. Si no lo habéis leído, os lo recomiendo. Si lo queréis leer online, aquí lo tenéis. Trata sobre un señor que lo recuerda todo y que "era casi incapaz de ideas generales, platónicas. No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente)". Y eso define muy bien lo que le pasa (o pasaba) a este escritor. Es incapaz de ideas generales, de descripciones sencillas, de ir al meollo de la cuestión simplificando el escenario. Es el rey de las notas al pie de página. Tiene notas de las notas al pie de páginas y frases con paréntesis dentro de paréntesis, casi como si fueran fórmulas matemáticas.

Así cuenta, por ejemplo, que cuando la revista Rolling Stone le contrató para hacer un reportaje sobre la campaña de McCain, "resultó que cuanto más interesante era una persona, ocurrencia, intriga, estrategia o casualidad relacionada con la campaña, más tiempo y páginas hacían falta para encontrarle sentido o, en caso de que no lo tuviera, para describirla y explicar por qué aun careciendo de sentido resultaba interesante si se consideraba dentro de un contexto concreto que a su vez también debía describirse, etcétera, etcétera. Con el resultado final de que el documento entregado a la revista Rolling Stone en cumplimiento del contrato era más largo y complejo de lo que habían pedido. Bastante más largo, en realidad. De hecho, el responsable del artículo señaló que publicarlo entero llenaría casi todo el espacio de texto de Rolling Stone y quizá incluso se comiera parte del porcentaje que la revista reserva para publicidad, cosa que obviamente no iban a permitir".

El señor Foster Wallace, sin duda, es (o era) de una erudición inmensa y casi de cualquier tema que habla lo hace con propiedad, con profundidad y con pasión. Para mí el problema es que me abruma, veo su interés por asuntos que a mí me resultan solo ligeramente interesantes y no puedo compartir su obsesión por la precisión que está claramente reñida con la claridad y la concisión. Su escritura es como un número con infinitos decimales; en algún momento se debería cortar para poder hacer algo con ellos, pero eso, lamentablemente, no ocurre.

Por norma general, puedo decir que cuanto más largo es uno de sus ensayos, menos me interesa. Así me quedo con el que da título al libro "Hablemos de Langostas", con uno sobre Dostoievski y la obra monumental de Joseph Frank en cinco volúmenes sobre el genio ruso (aunque desde luego no me leeré los cinco tomos!) y con algunos comentarios sobre lo gracioso que es Kafka, que él apostilla "de los que probablemente no he quitado bastante".

Entiendo su valor, su esfuerzo. Entiendo que es encontrar otros caminos narrativos, pero yo por ahí no paso con facilidad. Por ejemplo, Jasper Fforde utiliza las notas al pie de página de una manera novedosa y muy entretenida en las novelas de Thursday Next, eso me parece una genialidad. En cambio, cada vez que pulsaba en el kindle para leer la nota al pie de página lo hacía con auténtico terror rogando a Dios que por favor no me encontrara con una nota al pie de varias páginas. Eso lo sabe el autor perfectamente y hay veces que se ríe de ello. Entro en el juego, pero, en general, me parece que no compensa, no merece la pena el esfuerzo.

Para mí ha sido un dolor y tengo verdadero interés en leer los posts de la gente a la que este libro le parece bueno.

Me he leído una versión electrónica de las que circulan por ahí y estaba hecha unos zorros. Estaba escaneado y yo creo que la persona que hizo la versión terminó tan hastiada que no llegó a organizar el último de los ensayos, uno sobre las tertulias de derechas en las radios americanas, y las notas no estaban vinculadas y estaban mezcladas con el ensayo de manera que lo hacía dificilísimo de leer sin saber qué era qué, si texto principal o nota al pie.

Hay párrafos como este:

"El sentido de la analogía es que las alegaciones de objetividad en el estudio del lenguaje ahora son tema de bromas y escalofríos. Los supuestos positivistas que subyacen al descriptivismo metodológico han sido completamente refutados y desplazados —en literatura por el auge del postestructuralismo, la crítica basada en la respuesta lectora y la teoría de la recepción jaussiana, y en lingüística por el auge de la pragmática— y ahora está más o menos universalmente aceptado que a) el significado es inseparable de alguna clase de acto interpretativo y b) que los actos interpretativos siempre son parciales, es decir, influidos por la ideología particular del intérprete. Y la consecuencia de a) + b) es que no hay forma de evitarlo: las decisiones sobre lo que se mete en El Diccionario y lo que se deja fuera van a estar basadas en la ideología del lexicógrafo. Y todos los lexicógrafos tienen la suya."

De una oscuridad terrible para el profano (mi caso), pero que terminan con una claridad apabullante que se agradece, pero para decirme las dos últimas frases me ha soltado todo lo anterior que hace que quiera dejar de leerlo.

Otros párrafos:

"Sean cuales sean los efectos sociales de las tertulias radiofónicas o de los idearios partisanos de ciertos presentadores, es una falacia que las tertulias políticas estén motivadas por la ideología.

La persistencia de esta falacia entre los detractores izquierdistas de las tertulias radiofónicas es extraordinaria: en realidad fue una de las premisas principales que se escondían tras el lanzamiento de Air America. Tal como resume William G. Mayer en The Public Interest, suele argumentarse que la radio de derechas «pertenece a grandes corporaciones sedientas de beneficios o a individuos adinerados a los que solo mueven los beneficios, que usan sus empresas para promover idearios políticos conservadores y procapitalistas». El análisis de Mayer también identifica la gran falta de lógica económica de dicho argumento. Supongamos que soy el propietario conservador y furibundamente capitalista de una empresa radiofónica. Creo que el conservadurismo basado en el mercado libre está en posesión de la Verdad y que a Estados Unidos le iría mejor en todos los sentidos si todo el mundo fuera conservador. Esto, para mí, convierte el conservadurismo en un «bien público» en el sentido del término que se le da en primer curso de economía: es decir, que el electorado conservador es un bien público del mismo modo en que lo es un medio ambiente limpio o una población sana. Y la misma economía básica que explica la contribución de las corporaciones a la polución atmosférica y la obesidad explica por qué mi empresa radiofónica no tiene ningún incentivo para promocionar ese bien público que es el conservadurismo. Porque el tiempo y el dinero que mi empresa gastaría intentando propagar la Verdad arrojarían (en el mejor de los casos) solo un incremento minúsculo de conservadurismo en el conjunto del país -y sin embargo las ventajas de ese aumento de conservadurismo serían compartidas por todos, incluidos mis competidores en la radio, a pesar de que ellos no habrían contribuido ni un ápice a ayudar a cambiar la opinión pública. En otras palabras, que solamente yo habría pagado por un beneficio del que también disfrutaría, gratis, la competencia. Todo lo cual salta a la vista que no sería bueno para el negocio… razón por la que en interés de mi empresa no invierto en promulgar ideologías.

No lo están. Las tertulias políticas radiofónicas son un negocio, y están motivadas por los beneficios. Si el conservadurismo domina hoy día la onda media es porque genera índices de audiencia Arbitron elevados, tarifas altas de los anunciantes y beneficios máximos."

"A aquellos lectores de Gourmet que disfrutan de comidas bien elaboradas y presentadas donde haya buey, ternera, cordero, cerdo, pollo, langosta, etcétera: ¿piensan ustedes en el (posible) estatus moral y en el (probable) sufrimiento de los animales involucrados? De ser así, ¿qué convenciones éticas han adoptado que les permiten no solamente comer sino también saborear y disfrutar de estas viandas a base de carne (ya que por supuesto el disfrute refinado, más allá de la simple ingestión, es el sentido último de la gastronomía)? Si, por otro lado, no quieren ustedes saber nada de confusiones ni convicciones, y las cosas como el párrafo anterior no les parecen nada más que un acto fatuo de mirarse el ombligo, ¿qué hace que les parezca bien, en su interior, descartar todo esto como algo fuera de lugar? Es decir, ¿es su rechazo a pensar en todo esto el producto de un verdadero pensamiento, o es simplemente que no quieren ustedes pensar en ello? Y en este último caso, ¿por qué no quieren? ¿Se plantean ustedes alguna vez, aunque sea ociosamente, porqué puede ser que no quieren pensar en ello?"

"Es una ironía bien conocida el que Dostoievski, cuya obra es famosa por su compasión y rigor moral, era en muchos sentidos un capullo en la vida real: vanidoso, arrogante, despectivo y superficial. Jugador compulsivo, solía quedarse sin blanca, se quejaba continuamente de su pobreza, y siempre estaba fastidiando a sus amigos y colegas para que le hicieran préstamos de emergencia que casi nunca devolvía. Además, guardaba rencores mezquinos durante muchísimo tiempo por temas de dinero, y hacía cosas como empeñar el abrigo de invierno de su mujer, que estaba delicada de salud, para poder seguir jugando, etcétera."

El próximo libro del club de lectura es la invención de Hugo de Brian Selznick para el próximo 15 de agosto. Es un libro infantil/juvenil en el que está basada la película de Hugo.

P.D: Este post está programado porque en estos momentos yo estoy con Anniehall en Vitoria, así que los enlaces a los post de Bichejo, de Livia y no sé si se ha apuntado alguien más, los podéis encontrar en la página del Club de Lectura 2.0

4 comentarios:

  1. Jo, pues me da mucha rabia que lo hayas odiado tanto, porque además, tampoco es un libro tan corto.

    El mayor problema de DFW es que se enreda en sí mismo, su propia línea de pensamiento se desdobla, va y viene y al final, o realmente te interesa lo que tiene que decir o se te quitan las ganas de vivir.

    Yo sigo fan, seguramente algo no funciona del todo bien en mi rubia cabecita, porque desde luego no es un autor de masas...no por un tema de snobismo ni superioridad intelectural, sino porque es como un universo propio, que contempla el mundo un poco desde fuera y un mucho como una fuente de enredos mentales.

    Ya lo he dicho en mi reseña, en algún momento me he empezado a preocupar por mi propia cordura.

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  2. Las notas, ay las notas... confieso que hubo un momento en el que dejé de leerlas, la experiencia mejora bastante, salvo que los artículos se lean DE UNO EN UNO, con meses de separación y no como un conjunto todo a la vez... Me siento virtuosa, el justo medio entre exceso y defecto, no me ha vuelto loca ni para bien ni para mal ;)

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  3. A mí me ha gustado y mucho. Creo que es brillante, que tiene una ironía muy fina, y que te muestra cosas que no se te hubiera ocurrido pensar.

    Es verdad que se va por los cerros de Ubeda muy a menudo, pero es ahí donde te hace pensar y te encuentras las mejores perlas. En las notas encuentras cosas que son muy divertidas, aunque es verdad que algunas son simplemente un ahorro de paréntesis.

    (tengo la sensación de que voy a repetir este comentario tres veces...)

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  4. Anonadado me dejáis. Yo para lo que utilizaría el libro, de no ser electrónico, sería o para calzar un sofá o tirárselo a un enemigo a la cabeza, para hacer daño.

    Esa fina ironía debe ser demasiado fina para mí, la verdad. A mí me ha parecido un ladrillo sin ninguna gracia, o con tan poca que no me merece la pena el esfuerzo.

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