La vida entera

Ya me he terminado de leer este libro de David Grossman para el Club de Lectura 2.0 elegido por Carmen. Tengo que decir que no me ha gustado nada y que lo he terminado solo por el hecho de haberme comprometido a ello en el club. Este libro ha pasado por mí como si fuera incorpóreo, y eso que tiene casi 900 páginas. En internet hay un montón de críticas elogiosas sobre el libro equiparándolo a las mejores novelas realistas del XIX.

Sus razones tendrán. A mí me ha parecido que este señor lo escribió mientras asistía a un seminario de técnicas de escritura. Técnicas modernillas, eso sí. Tiene todo lo que me exaspera de Saramago como diálogos sin separación dentro del mismo párrafo y cuando escribe los diálogos en líneas independientes nunca dice quién es quién en ese intercambio dialéctico. Lo cual está bien cuando son solo unas pocas líneas, pero cuando son páginas enteras yo no consigo enterarme de quién está hablando o respondiendo. Tampoco creo que cueste mucho poner de vez en cuando 'dijo Ora' o 'comentó Abram'...

De igual manera mezcla narraciones en primera persona de la protagonista, recuerdos en tercera persona de ella misma, partes en las que aparece un narrador, sueños y delirios... y todo esto sin orden ni concierto. Cambia de estilo constantemente y a mí me cansa constantemente. Ya os digo, como si hubiera dado un curso de escritura y cada día probara a escribir de una manera. Ninguna de ellas me gustó, a lo mejor es precisamente por esa insistencia en el cambio de registro porque el señor no escribe mal, la verdad.

A mí me recordaba a una película David Lynch y hay un momento, más o menos cuando se lleva leído un cuarto de libro, en el que se les aparece a los protagonistas que están de viaje un cura (rabino) bailando por el camino que los invita a acompañarlo y los lleva a comer a casa de una feligresa en el que me puse a reir por no llorar. Os pongo un fragmento:

"El hombre le tendió la mano a Abram, pero este no lo tocó y se levantó por sus propios medios mientras el hombre, que seguía bailoteando alrededor de Ora, la ayudó a cargarse la mochila a la espalda y anunció que se llamaba Akiva, no el rabino, y puso a Abram a mitad de la pequeña fila y a Ora al final mientras él, por su parte, volvía a guiar a su desquiciado rebaño. Abram iba de la mano de la vieja jorobada, por un lado, y por el otro del muchacho albino, mientras que Ora le daba la mano a una mujer calva a la que le trepaban por las piernas unas gruesas serpientes azules en forma de varices y que no dejaba de preguntarle qué era lo que les iban a dar de comer al mediodía y de exigirle que le devolviera la cazuela del hamin. Así anduvieron hasta trepar a una pequeña colina, mientras Abram volvía constantemente la mirada atrás buscando los ojos de Ora y ella se limitaba a devolverle una mirada con la que parecía estar encogiéndose de hombros, que me muera aquí mismo si sé qué es todo esto, pero Akiva volvía la cabeza hacia ellos para animarlos a los dos con la mirada al tiempo que tarareaba a voz en grito una melodía disonante."

Es cierto que pasada esa parte inicial la historia sigue más o menos inteligible, pero a mí ya se me había atravesado.

El libro básicamente cuenta la historia de un trío de personajes desde que son chavales y están aislados en un hospital hasta que ya mayores dos de ellos (Ora y Abram) se van de viaje a pie porque Ora piensa que haciendo eso salvará la vida de su hijo Ofer que está en el ejército (ahí hay un paralelismo con el autor que escribía este libro mientras su hijo estaba en el ejército y pensaba que si escribía nada malo podía pasarle). A lo largo del viaje va contando su vida y la de su familia a Abram y van haciendo descubrimientos de cosas que no sabían unos de otros.

Aparece la relación con los palestinos, la guerra del Yom Kippur, los años de servicio obligatorio en el ejército, el odio que se mete en uno y otro bando, pero también el día a día de una familia con sus más y sus menos, los amoríos, los desencuentros, la incomprensión, las frustraciones y las alegrías. Escribo esto y parece que el libro merece la pena, pero para mí ha sido una decepción. Ya dije que era mi némesis en el campo lector. Porque, además (y aquí pueda que haya un poco de SPOILERS), como ya he puesto alguna vez que decía Mark Twan : "It's no wonder that truth is stranger than fiction. Fiction has to make sense". En este caso es todo fiction y en ese plano a los personajes les tienen que pasar cosas por algún motivo. No puedes contarme durante cien páginas los sufrimientos que pasó un protagonista porque le capturaron los egipcios o la aventura de su amigo cuando fue a buscarlo y no lo encontró si eso no aporta nada a la historia, lo que es el caso.

Esas cosas a mí me molestan mucho. Supongo que es porque soy un bicho raro que me la cojo con papel de fumar, pero cada uno tenemos nuestras manías y cuando vamos siendo más 'mediana edad' más aún. Además hay una artifiosidad de sentimientos... hay momentos en los que temen decir algo, sufren por enterarse de algo que a mí visto desde fuera me parece una trivialidad.

Además, el final es de mear y no echar gota. El libro se acaba sin que nada de la trama se aclare, sin que sepamos si el hijo muere o no. Según van andando, de repente, se acaba el libro. Mal, muy mal.

¡Fin de SPOILERS!

Hay otro aspecto un poco al hilo de lo anterior y es que yo leo un libro y espero de él que me aporte algo, una enseñanza, un divertimento, un descubrimiento... por ejemplo, en el caso de La noche de los tiempos me quejaba de las descripciones eternas, pero tenía reflexiones muy interesantes. Aquí no las he encontrado, o casi ninguna, o muy camufladas. Básicamente es un libro descriptivo que incluye además descripciones subjetivas de estados de ánimo o sueños o recuerdos. Ya digo que como ejercicio de escritura puede tener su valor, pero a mí no me vale.

Aún así os voy a poner unos cuantos párrafos, perlas extraídas de esas ochocientas y pico páginas:

"recordó el acopio de pastillas que solía tener allí y cómo le había hablado de ellas con todo detalle en sus contados encuentros anteriores, antes de que Ofer fuera reclutado: Numbon, Zodorm, Bondormin, Hipnodorm, y cómo él le decía enfadado: les ponen unos nombres que suenan como las notas de un xilofón infantil"

"¿Cómo puede contarse una vida entera? Para eso no bastaría toda una vida. ¿Y por dónde empezar? Y menos ella, que es incapaz de contar ni la anécdota más pequeña desde el principio al final sin perderse en mil y una disquisiciones y sin reventar la parte más interesante, ¿cómo va a poder entonces hablar de Ofer como este se merece?, ¿o será que después de todo no tiene tanto que contar de él?"

"A medida que Ora escribía más y más cartas se daba cuenta de hasta qué punto las cosas que tenía poco claras o que la angustiaban se clarificaban por completo al quedar plasmadas en una hoja de papel, y también le sorprendió un poco descubrir que era capaz de escribir con una precisión y una claridad tales, ya que siempre había creído que ella era especialmente buena para escuchar a los que realmente escribían bien, mientras que ahora, poco a poco, fue descubriendo que quería escribir, que tenía la necesidad de hacerlo y que no menos que eso deseaba que Abram leyera lo que ella tenía que decir para que a su vez él le dijera lo que veía en ella."

"Miles de momentos, de horas, de días, miles de hechos, infinidad de acciones, de intentos, de errores, de palabras, de pensamientos, todo para poner a una persona en el mundo."

"«Un día, cuando tenía unos cinco años —escribe Ora en el cuaderno azul—, Ofer dejó de llamarnos “papá” y “mamá” y empezó a llamarnos Ilan y Ora. A mí no me molestó, sino que hasta me gustaba, pero me di cuenta de que Ilan realmente se enfureció. Ofer nos dijo: “¿Por qué podéis vosotros llamarme por mi nombre y yo no puedo?”. Ilan le respondió algo que aún hoy recuerdo: “Hay solo dos personas en todo el mundo que me pueden llamar papá. ¿Sabes lo mucho que eso me gusta? Y además piensa una cosa: ¿hay muchas personas en el mundo a quien tú puedas llamar papá?, ¿verdad que no hay muchas?, ¿y quieres perdértelo?”. Me di cuenta de que Ofer lo escuchaba con atención y de que aquello había calado hondo en él, porque desde entonces ya solo lo llamó “papá”.»"

"Cuando eres niño y un adulto está jugando a algo contigo siempre estás temiendo que llegue el momento en que se canse. ¿Cuándo empezará a mirar el reloj?, ¿cuándo dirá que tiene que hacer algo más importante que estar contigo?"

Algo bueno tengo que decir del libro y es la traducción que me ha parecido excelente, aunque yo no entiendo ni papa de hebreo como supondréis, pero se nota un texto sin incorrecciones, sin estridencias y muy bien escrito. El nombre de la traductora es Ana María Bejarano y aquí dejo constancia de mi agradecimiento por su trabajo.

Tenéis otras reseñas del libro en los blogs de Bichejo, Livia y Carmen y este mes hablaremos de él en el Club de Lectura.

6 comentarios:

  1. Pues eso. Un héroe lector. Yo no sé sobreponerme a mi Némesis, o a dos Némesis tan seguidas. Ya lo digo en mi no-reseña: al menos está bien escrito y no tienes que sufrir la tortura de una pésima redacción. Pero a mí con eso no me basta.
    En este caso creo que el problema no ha sido el libro, sino el lector, yo tendría que ser otra persona para que me interesasen algo estas intensidades vitales.

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  2. Bueno, Bichejo, creo que el lector nunca es el problema, aunque en cuestión de gustos hay libros para elegir...

    Acabo de terminar el libro ese que nos mandaron para comentar en el blog y al final viene una cita de Salinger que dice: "Lo que me maravilla de un libro es que cuando lo terminas , desearías que quién lo escribió fuera muy amigo tuyo y pudieras llamarlo por teléfono siempre que te apeteciera". Este no es el caso, desde luego :-)

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  3. Yo me arrepiento de haberos metido en este libro, aunque mal arreglo tiene. Pero a mí no me ha parecido tan catastrófico, la verdad, aunque si hay cosas peores, las tiro por la ventana, directamente.

    Yo no estoy de acuerdo en lo del estilo. Creo que el libro se deja leer de manera muy natural y a mí sí me gusta cuando hace esas idas y venidas por el tiempo, que a veces retrocede un par de días, o retrocede veinte años. Y lo que me gusta es que lo sigues con naturalidad, sabe hacerlo en mi opinión.

    Sobre los sufrimientos, pues sí me parece que estén justificados, el libro es muy triste, las vidas no son fáciles y cuenta cosas muy extremas, vidas que no son normales. Sin embargo, lo que me parece un petardo es cuando se pone a contar cosas del hijo que les pasan a todos los hijos...

    En fin, que vaya éxito. Lo siento!

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  4. No tienes por qué sentirlo. A mí no me ha gustado, pero de todo se aprende y se sacan cosas positivas. A ti te parece natural esa transición a hablar en primera persona, en tercera, los diálogos... y a mí me produce urticaria. Está visto que cada lector es un mundo.

    Y el hecho de que cuente ya bien medidado el libro todo lo de Abram e Ilan en el ejército no veo qué relación tiene en la historia, yo no la he visto...

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  5. Ja, ja, ja, éste es un claro ejemplo de subjetivismo.
    A mi me encantó, me pareció original y muy bien expresado el dolor de la madre que no quiere saber.
    También es verdad que a mi me gusta Lynch, pero en el libro no vi nada de surrealista.
    Y creí ver clarísimo el final.

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  6. Pues eso, Pseudosocióloga, para gustos hay colores. A mí se me atravesó y no me gustó, me alegra que a ti sí que te gustara.

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