Tantos tontos tópicos

Me he terminado de leer este libro de Aurelio Arteta. El autor parte de frases hechas que se oyen a diario y busca la corrupción, principalmente moral, que se encuentra escondida dentro de ellos. Es un libro magnífico, yo diría que de imprescindible lectura porque muestra claramente la perversión que encierran ese tipo de expresiones que están hechas para utilizarlas sin pensar siquiera un poco en lo que se quiere decir. Es una forma de mostrarnos al otro como alguien confiable, cercano. Hay que decir que no salimos muy bien parados como sociedad, la verdad.

El libro es un compendio de artículos escritos al respecto por el autor por lo que hay veces que se repiten algunos temas. Hay algunos artículos como el referente a que todas las opiniones son respetables o estoy en mi perfecto derecho o sin violencia todos los proyectos  políticos son legítimos o no hay que adoctrinar a la ciudadanía o el último del libro, todos queremos la paz, que son demoledores respecto a esos lugares comunes que soltamos sin más ni más.

He subrayado como un loco. He probado a copiar todas las notas en un word y me ha salido un documento de 29 páginas sobre un libro de 240, así que ya os podéis hacer una idea. La verdad es que es un broche excelente a mi segundo año de la era kindle cuyo post publicaré próximamente.

Empieza definiendo qué es un tópico: "Los tópicos son frases prefabricadas, ya terminadas y dispuestas para uso de cada cual. Esto es, expresan pensamientos que no hemos pensado o producido nosotros mismos, sino que nos vienen ya aderezados y completos.[...] Vivimos del tópico como del aire que respiramos, pero recibimos de mejor grado la noticia de la contaminación atmosférica que la de la intoxicación de nuestras letanías más usuales. Poner en solfa tan arraigadas muletillas sería como quitarnos nuestras andaderas: nos vendríamos al suelo. Son estos comodines del lenguaje ordinario los que nos aportan la seguridad de que no estamos solos. Contribuyen desde luego al gregarismo, tal como lo expresó Orwell: «Mi lema es “grita siempre con los demás”. Es el único modo de estar seguro». Tal es la función primera de los tópicos: acomodarnos al grupo, arroparnos con «lo que se lleva», vestirnos a la moda verbal del momento a fin de llegar a ser de los nuestros. En una palabra, volvernos normales.[...]nos conviene tomar precauciones al menos frente a los más reiterados. Porque el tópico acostumbra ser hijo de la pereza intelectual y hermano del prejuicio. A base de amontonar esos lugares comunes, construimos nuestra comunicación más impersonal y automática. Decir lo que se dice nos permite evitar la tarea de ponernos a aprender, opinar sin la molestia de pensar lo que decimos y, de paso, alcanzar la ilusoria certeza de entender y ser entendidos.".

¿Os acordáis de mi identificación de los políticos con la sociedad y cómo os decía que sí nos representaban? Bueno, aquí está el punto de vista del autor al respecto:

"En tono entre realista y descreído, no faltarán entonces quienes tercien con que tenemos los políticos que nos merecemos. Y se presupone: mediocres. Es un modo oblicuo de confesar por fin que somos de una pasta parecida y que no vale la hipocresía de culparles en exclusiva de unos pecados que los demás seguramente también cometeríamos en su lugar. Eso sonaría muy bien, si no fuera porque al mismo tiempo tan humilde reconocimiento viene a sugerir que nadie exija nada de los hombres públicos ni de los ciudadanos de a pie, porque unos y otros somos lo que somos; así que menos quejas y a conformarse con lo que hay. El tópico justifica a la vez la baja calidad del político y la desidia del ciudadano. Pero el caso es que, cuando elegimos a esos políticos y los destacamos así sobre los ciudadanos corrientes, no es para que reproduzcan en el foro público nuestro conformismo y mediocridad, sino para que representen nuestras más dignas aspiraciones. En un régimen democrático debemos hacernos merecedores de más de lo que tenemos, y eso significa que hemos de escoger políticos que sean mejores que nosotros".

Es básicamente lo que decía, aunque yo no sugiero que no haya que exigir nada, sino que esta sociedad no exige y así estamos... Si os acordáis, el camino que yo proponía para salir de la podredumbre política y social en la que estamos era: vota a otros, no siempre a los mismos o abstención. Claro que es difícil encontrar en el panorama político alguien que sea mejor que el votante, pero lo que sí que está claro es que hay muchos que por sus acciones demuestran tener menos escrúpulos morales que yo, sin querer ponerme como ejemplo de nada. Entiendo que lo que indica es lo que debería ser, deberíamos votar a los mejores, pero el caso es que los mejores no se suelen presentar...

Respecto a la acusación de "eres un moralista" él responde: "Un buen moralista es la persona a la que no le abandona la conciencia de constituir ante todo un ser moral. Es decir, que sabe que no debe limitarse a sobrevivir como los bichos, sino a vivir como un ser consciente y libre. Y eso significa que le incumbe la constante reflexión para distinguir y elegir —con argumentos, no con creencias— lo bueno frente a lo malo y hasta lo mejor más allá de lo bueno.[...] Le repugna esa solemne insensatez de que cualesquiera opiniones morales valen lo mismo o que lo diferente, tan sólo por diferente, sea ya valioso. No le avergüenza ni juzgar en voz alta cuando parece preciso, ni hablar de virtud ni mucho menos admirar a los virtuosos. Considera grave desidia dejar esos quehaceres al cuidado exclusivo de las autoridades religiosas. [...] El hombre más bueno, el santo, marcha por delante del sabio, del genio o del gran estadista.[...] No todos tenemos que ser panaderos o músicos; basta con que haya unos pocos de cada clase para procurarnos el pan o alegrar nuestras fiestas. Pero el «sentido moral» (el respeto, la justicia) debemos adquirirlo todos mediante arduo aprendizaje. Sin él, la sociedad entera se viene abajo y los hombres no alcanzamos la plenitud". Perfecto, no se puede expresar con más claridad.

Respecto a otro tópico como sé tú mismo nos dice: "La hueca pedagogía contemporánea pregona que «educar no es fabricar adultos según un modelo, sino liberar en cada hombre lo que le impide ser él mismo, permitirle realizarse según su “genio” singular». Así que, salvo en las materias instrumentales, el educando nada tiene que asimilar: la disciplina dejará paso al juego, la enseñanza de conceptos cederá ante la estúpida respetabilidad de todas las ideas y la lección magistral será sustituida por la libre expresión de los tópicos vigentes. Pero el caso es que sólo los genes no hacen genios, ni la sociedad engendra por sí sola ciudadanos, ni nadie descubre por introspección su carácter ya completo, sino que lo va construyendo mediante un cuidadoso análisis del ideal moral y el examen de los ejemplos que tiene a la vista. A falta de admirar a los excelentes, lo más probable no es que prescindamos de modelos, sino que adoptemos cualquiera de los nada modélicos que a diario se nos imponen. [...] Pues no es la múltiple diversidad, sino la plena humanidad de los sujetos (que por fuerza se plasmará en identidades diversas), la meta del esfuerzo moral. Lo que importa no es la igualdad con uno mismo, que para eso sobra esforzarse, sino la creciente aproximación al ideal humano. No se nos pide ser individuos siempre idénticos, sino siempre nuevos por mejores. A aquel eterno retorno del «uno mismo» le basta mirarse una y otra vez en el espejo de lo propio. La verdadera moral, en cambio, requiere la gozosa contemplación de la excelencia ajena". Muy clarito, ¿verdad?

Y os pongo por último un par de párrafos que pueden estar de actualidad respecto al tópico "rechazo la violencia, venga de donde venga": "Una de las mayores y más peligrosas memeces políticas en circulación es la que sigue sentenciando como si nada que hay que condenar la violencia, venga de donde venga. Quien emite semejante consigna simula ser portador de una exquisita sensibilidad moral, pero prueba más bien que o no sabe lo que dice o —si lo sabe— que busca nuestra perdición colectiva. No mantengo sólo que esa sentencia nace de ignorar el abecé de la política, pues sería más exacto decir que ignora incluso la primera letra del abecedario de la política, su punto de partida, su condición misma de posibilidad.[...] Pues los hombres inventamos la política para obtener la seguridad que la hostil naturaleza nos niega y para librarnos del miedo que los demás nos infunden; en fin, para garantizar en lo posible que no habría guerra entre nosotros y sentar las bases de la sociedad civil. Luego vendrá todo lo demás que la política debe traer y cuyo compendio es la justicia. Si aún no hemos renunciado al sentido común, comprenderemos que, a fin de que nadie recurra impunemente a la fuerza física, alguien tendrá que disponer del derecho en exclusiva a ejercerla. Ese alguien deberá ser el poder público. De manera que condenar en política todo recurso a la violencia suele significar una de estas dos cosas. O sirve para subrayar la maldad primera de la violencia institucional, lo que por sí sólo insinuaría una legítima violencia defensiva por parte de quien rechaza esas instituciones. O sirve para equiparar ambas violencias, de forma que no habría que reprobar la una sin reprobar a la vez la otra. Claro que, si aborreciéramos por igual toda violencia (recuérdese: «venga de donde venga»), entonces nada nos pondría a salvo de una al menos: la del más fuerte sobre los más débiles. Si equiparamos en malicia la violencia privada del malhechor y la pública del policía, olvidamos que ésta existe para prevenir o repeler aquélla y, por si fuera poco, dejamos de discernir entre las causas justas o injustas que pudieran servirse de tal violencia. Todas las causas políticas valdrían lo mismo, cualesquiera clases de violencias serían igual de deleznables. Y si reforzamos todavía este angelical «buenismo» con aquello de que la violencia engendra violencia, venimos aún a añadir otra biempensante tontería. Pues lo que desata una cadena segura e imparable de venganzas es la violencia privada, pero la violencia pública se instituye con vistas a poner fin a esa presumible cadena infinita. Claro que el ejercicio de esta violencia pública se justifica cuando se ajusta a derecho, naturalmente. Supuesto que en toda sociedad debe haber una fuerza ejercida por el Estado en régimen de monopolio; supuesto que el recurso a esa fuerza física puede y debe ser del todo legítimo..., lo que importa también es fijar los requisitos y límites para que la violencia gubernamental sea lo más acotada y justa posible. Tal es el núcleo del Estado democrático de derecho, a saber, el imperio de la ley de todos sobre todos sin excepción. Y así se entiende que pueda ser más disculpable la violencia indebida de un ciudadano ordinario que la del policía que se propasa en el ejercicio de su quehacer, precisamente porque la violencia de este último está destinada a protegernos de cualquier otra".

Y así podría seguir y seguir, pero entiendo que lo que a mí me emociona a otros les pueda parecer un ladrillo intragable, así que paro aquí, aunque me guardo mis subrayados para poder echar mano de ellos cuando me de por escribir algo más al respecto, cosa que, para espanto vuestro, sabéis que haré...

Aquí tenéis un vídeo de una entrevista en La 2 sobre el libro por si os interesa. Y os pongo el link a la página de amazon por si os apetece comprarlo.

6 comentarios:

  1. Quiero, quiero, quiero!! Porque me parece un tipo sensato el autor y quiero saber qué más cosas piensa...al dropbox, please!! (que ya compro otras cosas oficialmente)

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  2. Allí está para cuando quieras. Yo pensé que no le iba a interesar a nadie y que no habría más de dos personas que se lo leyeran enteras. Ya sé que os lo habéis leído tú y Carmen y os lo agradezco. :-)

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  3. Cuando vi que estabas comiendo pispitos con este libro ya te estaba esperando.

    Me gustan los ejemplos que has escogido. Sobre lo que nos representan, yo también escribí algo en el mismo sentido: nos representan perfectamente, completamente de acuerdo. Lo del sé tú mismo es una derivada del "tú a lo tuyo", o lo de "yo soy muy sincero y no me callo la boca". Tengo pendiente hablar sobre eso pero me temo que me va a salir cabreado y últimamente no me gusto nada enfadada. En fin, que de cabeza a Amazón.


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  4. Carmen, si quieres te lo paso en digital.

    Es un libro muy bueno, lo que pasa es que es duro ver la exigencia moral a la que deberíamos aspirar y la que tenemos en nuestra sociedad o nosotros mismos.

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  5. Me ha gustado el post, y creo que era difícil explicar cómo estas frases hechas pervierten nuestra capacidad de analizar y, peor aún, llevan nuestra deriva mental a la aceptación de hechos y esquemas mentales que en principio ni se nos habrían ocurrido o tal vez incluso rechazaríamos.
    Algo que conecta con esto es el uso de muletillas más inocuas, palabras de moda, sobre todo entre niños y adolescentes. Me fastidian las palabras caja que contienen demasiados conceptos, ejemplo mi nena de 8 -si, no tan nena- no para de repetir "Me mola", y siempre estamos preguntándole "por qué?", "jooooo", "no nena, primero tienes que aprender a hablar bien para después poder hablar mal a propósito", porque para usar mal a propósito una herramienta primero tienes que saber manejarla.

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  6. Tienes mucha razón DM, el lenguaje es importantísimo porque pensamos como hablamos y hablamos como pensamos. Ya lo dijo Wittgenstein (no me apedréeis, por favor): Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.

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