La mega reunión

El mundo de la ingeniería, como tantos otros, atraviesa tiempos difíciles. Supongo que también como en otros campos, han pasado los tiempos de apreciar el trabajo bien hecho para preferirse ahora las cosas rápidas y baratas.

En este mundo del que os hablo, y sé que suena muy feo, lo único que podemos ofrecer son, ni más ni menos, que horas hombre. Como mucho un cerro de papel o de bits de información. ¿Quién, entonces, me diréis, construye los campos de girasoles, los invernaderos combinados o los aserraderos súper eficientes? Pues otros, los constructores. Ese es otro mundo, mucho menos elegante y mucho más sucio donde se vende barato para cobrarse caras después las horas y los trabajos extras.

Así pues hasta hace unos años, como os decía, en este mundillo se nos permitía vender muchas horas a un precio más que razonable. Donde yo trabajo, por razones que desconozco, se ha conseguido prolongar, mal que bien, esta forma de hacer hasta que la crisis ha llamado a nuestra puerta. Y no ha sido hasta ahora cuando empezamos a notar los cambios. Algunos, porque hay otros que o no se enteran o no se dan por enterados.

En aquel mundo ideal de señores muy listos con gafas muy gordas a los que se permitía que se tomaran su tiempo para diseñar cosas que funcionaran muy bien, era más fácil distraer horas y dedicarlas a cosas menos útiles. Y así nació la mega reunión.

La mega reunión es una encerrona congregación de gente a la que se cita en fecha y hora concretas en un lugar determinado con cualquier objeto siempre que éste sea poco concreto. Son reuniones sin agenda, solo con un tema general, donde todo el mundo opina (que no necesariamente aporta) de lo suyo y lo de sus compañeros. Y no suelen tener hora de finalización, sobre todo si el que la dirige es de esas extrañas personas que no tienen necesidades básicas como comer o mear (con perdón). Así que pueden prolongarse hasta rozar la eternidad.

Aunque no solo ellos, en particular son muy dados a la mega reunión esa subespecie del mundo laboral que yo llamo el jefecillo (o jefazo) con necesidad de corte. No para reírles las gracias, ni para encomendarte tareas que consideran indignas de su elevada condición (aunque aficionados tanto a lo uno como a lo otro también hay). Muchas veces solo requieren corte para hacer bulto, bien sea para disimular su ignorancia, bien para ganar reuniones sólo por superioridad numérica, bien porque si de los otros vienen taitantos aquí no vamos a ser solo dos monos.

En resumen, tanto por sus características como por sus fomentadores, las mega reuniones son un coñazo completamente inútil en la mayoría de los casos. Cuando no altamente nocivas. Porque si al hecho de no aportar prácticamente nada le añades el tiempo que pierdes para hacer lo que tienes encomendado y que, en este nuevo entorno siempre es escaso, un proyecto con una sola persona aficionada a las mega reuniones puede suponer ir de cabeza y con la lengua fuera desde el principio hasta el final.

Como habréis adivinado, odio odio odio las mega reuniones. Prefiero decidir yo cuándo y cómo pierdo mi tiempo en cosas inútiles. Siempre que puedo intento zafarme con un ‘cuando vayáis a hablar de lo mío me avisais’ y, una vez he terminado digo ‘bueno, pues lo mío ya está visto, si no os importa os dejo’. Pero no siempre me dejan y he tenido que tragarme muchas de muy variado pelaje (todas igual de inútiles y además sin portátil o móvil para mandar correos o tuitear por lo menos).

Así que ante cualquier convocatoria con tufillo a mega reunión me pongo en guardia. Según me llega respondo inmediatamente ‘¿Qué agenda hay para la reunión?’. A los poco duchos en la materia con esto los desactivo pero hay auténticos profesionales del asunto que a vuelta de correo te endilgan a ti la agenda, al menos tu parte. Y luego están los completamente inconscientes de la situación en la que nos encontramos, a los que no les duelen prendas las horas asignadas, ni el dinero en juego en un desplazamiento (o varios) que te contestan con un ¿desvergonzado? ¿sin complejos? ‘Sería bueno que os pasarais por aquí, seguro que algún tema de los vuestros surge’. Como diría N: OLÉ TUS COJONES.

No se nota nada que me han convocado a una reunión que me parece ridícula y en la que tengo poco o nada que aportar, ¿verdad?

13 comentarios:

  1. Qué bien las has descrito: largas, aburridas y sobre todo muy INÚTILES.

    Un amigo que tenía que convocar reuniones en su empresa decía que procuparaba que nunca duraran más de media hora, porque más tiempo, no atiende absolutamente nadie.

    Pero que era imposible, había gente que quería hablar sí o sí, y la mitad de las veces solo era para repetir lo que había dicho otro, o que se notara que había estado.

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  2. Es así. Yo estuve en una gran empresa donde muchos tenían que justificar su puesto de trabajo asistiendo a reuniones. Se peleaban por convocarlas y nadie sabía qué pintaban allí. Mucha tela...

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  3. Bueno, yo he estado en proyectos europeos de investigación en los que el 90% de las personas única y exclusivamente iban a las reuniones. Lo de trabajar y hacer cosas era para los pringaos, uséase, nosotros.

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    1. [Borrado por dolor de hojos]

      Joer, he estado leyendo todo el artículo pensando que lo había escrito ND. Lo único sospechoso era lo de los presupuestos abultados... jeeje

      Las mega-reuniones son la peste. Un 22 de diciembre de hace dos años, en vez de escuchar el sorteo de Navidad mientras terminábamos corriendo un informe, nos vimos en una de esas en Las Matas, escuchando los chascarrilos de cómo los señores que la habían convocado habían hecho el Camino de Santiago a caballo. Bitapeador y yo casi morimos del susto :S

      En Alemania, internamente no se llevan las mega-reuniones. Se planean de una hora y no duran ni un minuto más ni uno menos. Ahhh, pero ay de ti como en tu empresa haya alguien aficionado a ellas... entonces apaga y vámonos.

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  5. Lo que hay que hacer es poner hora de comienzo y hora de fin. Y desconfiar si es más de una hora. Y luego, que es difícil, si no hay agenda, controlar el tiempo.

    Hay reuniones en donde se pone a uno como el "señor del reloj", que es quien controla el tiempo.

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    1. Eso sería lo ideal pero mi mundo dista mucho de serlo. Me encanta lo del señor del reloj.

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  6. Últimamente yo sufro una variante mucho más maléfica: las videoconferencias con Latinoamérica. Por un lado pueden estar presentes más de 10 personas, de las cuales el único que curra y saca papeles eres tu; y luego encima las convocan a partir de las 6 de la tarde. Es fantástico :'(

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    1. Muy cierto, y esa sensación de que hablas con alguien a quien tienen secuestrado y vn a hacer trocitos como en Tesis

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    2. Por suerte, la reducción de jornada me libra de eso temporalmente. Pero sí, la de las videoconferencias es una sensación extraña.

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    3. Mucho peores son las teleconferencias multibanda en las que no sabes quién está hablando, unos se oyen muy alto, otros muy bajo y todos quieren hablar a la vez...

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  7. Yo escribí esto hace mucho tiempo y creo que viene al pelo, se lo envié a Anijol por correo en cuanto lei este post que tanta razón tiene. Perdonad el spam :)

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