Todo lo que era sólido

"Cómo es que ese ruido no nos atronaba. Qué veíamos, en qué estábamos pensando. Si mi oficio es mirar el mundo para poder contarlo cómo es que no me fijé en lo que sucedía, en lo que tenía delante de los ojos, lo que se publicaba en el periódico que yo compraba y creía leer fielmente cada mañana cuando estaba en España".
Antonio Muñoz Molina. Todo lo que era sólido.

Me he leído rapidísimamente este libro de Antonio Muñoz Molina que me ha dejado Livia. Muñoz Molina es un escritor que me gusta mucho, excepto las novelas. No están mal, pero se me atragantan sus descripciones minuciosas y sus párrafos interminables que hacen que la historia, bajo mi punto de vista, se resienta.

En este caso no es una novela, sino una crónica y una reflexión de esta España en la que estamos y cómo hemos llegado hasta ella. Es un libro buenísimo, desde ya os lo digo. Lúcido, desesperanzado, riguroso, ameno y cortito (250 páginas).

Antonio Muñoz Molina ya estaba obsesionado en La Noche de los Tiempos con el determinar ese momento en el que no hay marcha atrás, en el que el destino se vuelve inevitable y en cómo no nos damos cuenta de lo que está sucediendo hasta que ya es demasiado tarde. En La Noche de los Tiempos el escenario era la guerra civil y en este caso la burbuja financiera, la España del ladrillazo y la crisis en la que estamos.

Es un libro demoledor, aunque tampoco nos cuenta nada que no supiéramos, pero verlo por escrito causa angustia. Al menos a mí. Toda esa España chulesca y despilfarradora, todos los organismos, todo el descontrol que se ha generado en estos casi cuarenta años de democracia. Cómo los políticos han ido neutralizando los controles de presupuestos: "Lo que sin que nadie lo advirtiera o lo denunciara empezó a suceder hacia mediados de los años ochenta es que al mismo tiempo que las instituciones públicas empezaban a disponer de mucho dinero desaparecían los controles efectivos de legalidad de las decisiones políticas. Entre todos los errores de la Transición española que se aireaban tan acusadoramente cuando aún nos estaba permitido el lujo de la obsesión por el pasado, uno de los más graves no lo ha mencionado casi nadie: la incapacidad de crear una administración pública profesional, solvente, atractiva como oportunidad de trabajo y progreso personal, austera, ajena a la política y a los vaivenes electorales, escrupulosamente sujeta a la ley". "Las únicas carreras administrativas que se han hecho en España a lo largo de los últimos treinta años son las de los mediocres arrimados a los partidos que han llegado a ocupar los puestos más altos sin poseer ningún mérito, sin saber nada, sin adquirir a lo largo del tiempo otra habilidad que la de simular que hacen algo o que han aprendido algo. No hay lugar de la administración cultural o de la política o la vida económica que no hayan escalado. Nadie puede calcular el número o el costo total de los puestos que se fueron creando no para cubrir ninguna necesidad racional prevista de antemano sino para dar colocación a parientes más o menos cercanos o pagar favores políticos. Ahora mismo nos hundimos bajo el peso muerto y combinado de su innumerable incompetencia".

Los despropósitos de las fiestas: "Una mezcla del viejo caciquismo español y del reverdecido populismo sudamericano coincidió con los flujos de dinero barato que llegaba de Europa para engendrar una multiplicación fantástica de simulacros y festejos, de despliegues barrocos levantados para durar unas semanas o unos días y celebraciones hipertróficas, algunas rancias y otras recién inventadas, muchas de ellas bárbaras, conservadas no por el apego a la tradición sino por la cruda persistencia del atraso. [...] El carnaval que se había extinguido por aburrimiento o decadencia hacía un siglo se decidía que en realidad había sido proscrito por el franquismo, y que por lo tanto era obligatorio recuperarlo". "En algún momento de aquellos años la cultura dejó de ser algo que una persona adquiría con su esfuerzo personal y se convirtió en el ámbito colectivo en el que se nacía; ya no era un proyecto, sino un destino; una vuelta a la comunidad del origen y no una solitaria emancipación; recluirse en los límites en vez de asomarse al mundo. Una cultura personal se adquiere con mucho tesón y mucho esfuerzo a lo largo de la vida, igual que se adquiere la destreza para tocar un instrumento o hablar un idioma extranjero: una cultura autóctona se posee tan sólo por nacer en ellas".

Sobre las autonomías y la disgregación del espíritu común: "Victimismo y narcisismo son los dos rasgos del nosotros intacto que las clases políticas y sus aduladores y sirvientes intelectuales han levantado en cada comunidad, proscribiendo o dejando al margen no sólo cualquier referencia favorable al marco político común sino casi cualquier noción adulta de ciudadanía. El lugar de nacimiento no es un hecho accidental, sino una marca del destino y un motivo de orgullo. Sin hacer más esfuerzo que el de ser de donde eres ya posees el privilegio de un origen único, que por un lado te ofrece la confortable posibilidad de contarte entre los perseguidos, las víctimas y los héroes sin necesidad de padecer personalmente ningún sufrimiento". "Lo que te falta es porque te lo han quitado ellos, los opresores extranjeros; de lo que va mal son ellos los que tienen la culpa. Ellos quemaban herejes, invadían América, exterminaban a los indios, expoliaban aquellas tierras igual que han expoliado la tuya, eran xenófobos, eran sexistas, practicaban el tráfico de esclavos, carecían de conciencia ecológica, no se cambiaban de ropa interior. Mientras tanto, tu pueblo, que ha amado siempre la paz pero que no ha dudado en levantarse en armas cuando se lo agredía, que ha recibido siempre cordialmente al forastero pero nunca ha perdido ni dejado que se diluyera su idiosincrasia, ha hablado la lengua más antigua del mundo, ha creado las rutas comerciales más civilizadas y prósperas por todo el Mediterráneo, ha pintado las cuevas de Altamira, ha inventado esa maravilla única de comunicación que es el silbo canario, ha forjado las primeras muestras escritas de la lengua castellana, ha cultivado con el mismo éxito las artes, las ciencias, el regadío, los deportes, ha vivido en armonía con la naturaleza, ha levantado la mezquita de Córdoba, la Alhambra, la Sagrada Familia, la catedral de Santiago de Compostela, los monumentos megalíticos de Mallorca, ha sido considerado el más hospitalario de la Tierra, ha mantenido caminos de peregrinación que ya existían antes del imperio romano, ha manifestado siempre un respeto especial por la igualdad de la mujer y quizás hasta por los derechos de las minorías étnicas y sexuales, ha practicado desde muy antiguo formas de vida comunitaria y democrática, ha criado razas de gallinas o de burros o de abejas tan singulares que no existen en ninguna otra parte, y que desde luego no tienen nada que ver con las mediocres razas de gallinas y burros y abejas españolas, ha preservado esas tradiciones que por fortuna siguen vivas todavía, o puede que hayan tenido que ser recuperadas del abandono en que cayeron por culpa de la malevolencia de los ocupantes, danzas, cantos, costumbres, indumentarias, recetas de cocina, carreras de toros, cultos marianos, deportes autóctonos, que por su belleza y su autenticidad no tienen comparación en el mundo".

En fin, me quedan miles de citas que poner. Termino diciendo que la idea que él tiene de una sociedad democrática responsable será imposible que se dé en España, creo yo. Esa mayoría ciudadana informada y crítica con las decisiones del poder no existe en ninguna parte y menos en España. Existe una pequeña parte de la población que sí que entiende las relaciones entre impuestos, déficit, deuda y servicios, pero para la mayoría sigue siendo pan y circo. "Para emitir dictámenes veraces sobre la realidad y más aún para actuar con eficacia sobre ella hace falta un conocimiento lo más preciso que sea posible; y ese conocimiento no puede adquirirse sin una exigente voluntad de saber. Porque la mente humana es propensa al error, a la creencia y a la alucinación colectiva, hace falta un ejercicio constante de la indagación plural y contrastada y de la crítica. En cierta medida la comunidad democrática ha de funcionar como la comunidad científica, a partir de acuerdos básicos sobre la naturaleza de la realidad, sobre la libertad de circulación de las ideas y los protocolos necesarios para comprobar cualquier hipótesis y los resultados de cualquier experimento".

Hay, como es natural, una superioridad moral de la izquierda. Eso es algo que a mí me repatea mucho. Es prácticamente marca de la casa "El País". Ya lo comenté en las memorias de Enric González y en el de Obdulio. Por ejemplo: "Me ha ofendido la proliferación de la basura y la grosería en canales de televisión privada que al fin y al cabo son concesionarios de un espacio público y deberían tener algún tipo de responsabilidad y de autocontrol; pero me ha ofendido más la indulgencia con que toda esa basura era tolerada y aceptada o incluso celebrada por personas en principio cultas y en principio progresistas, que se han dejado seducir por ella o simplemente no se han atrevido a romper con la moda, a correr el riesgo de parecer elitistas, o avinagradas, o aguafiestas". Si eres progresista no aceptas la telebasura, no como si fueras de derechas que entonces ni eres culto ni recto moralmente. Si en esa frase no hubiera puesto progresistas no tendría nada que añadir, pero lo pone porque ese tufillo de superioridad es difícil de percibir cuando eres de los buenos y es difícil no vanagloriarse, incluso inconscientemente. Y yo tengo a Muñoz Molina por uno de los intelectuales más preocupados por entender al otro y no partir de premisas partidistas.

Termino con otra frase suya con la que estoy totalmente de acuerdo: "No son muchos los derechos irrenunciables de verdad, los demasiado valiosos como para dejarlos a merced de la codicia de los intereses privados o de las banderías políticas: la educación, la salud, la seguridad jurídica que ampara el ejercicio de las libertades y de la iniciativa personal".

Un libro muy, muy bueno. Leédlo y pensad.


18 comentarios:

  1. Gracias por la reseña, como no has puesto los mismos trozos que Irenuita ahora me quedan sólo 246 páginas ;)
    A ver si me animo.

    ResponderEliminar
  2. No, si al final entre todos me estáis haciendo que lo lea… y mira que soy prejuiciosa total con este libro. Por un lado porque cuando AMM se gusta, se gusta mogollón y a mí me aburrrrrre profundamente tanto autogustao.

    Por otro, porque no puedo evitar pensar que qué oportuno y qué traído a cuento, qué pena que siendo tan listo haya tardado tanto en darse cuenta…no sé, es un puro prejuicio porque llevo cinco páginas.

    Volveré a comentar por aquí en unos días.

    ResponderEliminar
  3. Respuestas
    1. Leído. Y me ha sorprendido, al final gratamente. Sigo pensando que es oportunista y que es un señor que cree que es más listo que nadie (y posiblemente es más listo que muchos), pero es sensato, que es algo que valoro mucho. He marcado en el libro montones de cosas, a ver si me curro un post en condiciones...

      Hartita me tenéis con tanto libro de pensar, me vuelvo al rubismo!! XDDD

      Eliminar
    2. Bueno, me alegro de que te haya gustado aunque te hayas amorenado un poco XD

      Eliminar
  4. Había visto que estabas leyendo este libro y estaba deseando leer tu opinión.

    Muy de acuerdo con lo que dice AMM y con tu opinión sobre la superioridad moral de los progresistas.

    Lo más criticable de AMM (ó de Enric) es que sólo se hayan tardado tanto en darse cuenta. Recuerdo debates en La Clave hace un montón de años donde ya algunos intelectuales (p.e.: Antonio Trevijano) denunciaban que esto nuestro no era una democracia verdadera (aunque tengamos libertad para decir lo que queramos, y vayamos a votar cada vez que nos convocan).


    Se supone que un verdadero intelectual tendría que ver el lodazal en el que estamos de caerse de boca en él. Ahora ya no tiene mucho mérito. Su único valor como indicas es saber describirlo (que no es poco). Así pues me lo apunto.

    ResponderEliminar
  5. Este me lo leo, seguro. Por un lado sí, que tendría mucho más mérito haberse dado cuenta de esto hace 10 años. Por otro, pues los mass media estaban tapando esto a manos llenas, hasta el 2008(?) que empezaron a abrir los informativos con la perra deuda externa. O sea, que no ha habido una formación en asuntos sociales y políticos digna de tal nombre. Yo me enteré de lo que es un liberal en 2008...Así que MMolina también tuvo que hacerse su propio camino de vivimos en una sociedad, cómo funciona esa sociedad. Camino difícil y de mérito, pero no tanto mérito como haber visto esto antes del batacazo, claro.
    Bonita discusión con el TonyJudt sus traeis, me gusta.

    ResponderEliminar
  6. Está bastante bien, Hermano E. Puede que tuviera que haberse dado cuenta, como todos, supongo. Él hace el ejercicio de irse a la hemeroteca y ver los periódicos de 2007, creo y se da cuenta de que todo estaba ahí y no sabía verlo.

    DM, parte de la respuesta a Hermano E también responde a tu comentario. Estaba ahí y no lo vimos o no quisimos verlo.

    Si quieres participar en los debates del libro de Judt, you are more than welcome!

    ResponderEliminar
  7. Pues sí, lo leeré sin falta.

    Oye, sobre lo de "progresistas", con darse por aludido ya está. Finalmente, el progreso puede venir de cualquier sitio. Y el atraso también, viendo lo que estamos viendo.

    ResponderEliminar
  8. Sí, Carmen, al final progresistas somos todos, pero no es lo que quieren decir...

    ResponderEliminar
  9. Un libro imprescindible, sí señor.
    Estoy con Carmen; durante mucho tiempo hemos asociado instintivamente "progresista" con "ser de izquierdas" y yo, que sí me considero una persona "de izquierdas" veo como hay alguna izquierda que no es NADA progresista (léase la mayor parte de IU, por ejemplo, que quiere "conservar" lo que había en un tiempo que no existió... cuando no quiere conservar engendros como Marinaleda que sí, que su gente vive muy bien pero a costa de recibir un 86% de fondos de la Junta y la UE) como hay alguna derecha que sí lo es (quita a los que quieren meter la religión y el terrorismo en todo y, aun no compartiendo sus formas en conseguir progreso, sí se ve a las claras que son progresistas)...
    Lo "diver" del libro es que AMM es, no en lo personal sino sólo en lo político, como Abel el de "La noche de los tiempos", un señor que mira a su alrededor y se espeluzna cuando ya todo lo que era sólido se resquebraja y se pregunta en qué momento empezó todo y por qué demonios lo hizo en nombre de sus ideales.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. He visto este artículo y me acordado de tu punto de vista sobre si ser progresista no debe asociarse automáticamente a ser de izquierdas. Aunque toca otro punto "conflictivo", el del nacionalismo (o quizás por eso), creo que es interesante.

      http://volandovoycastellon.wordpress.com/2013/05/03/nacionalismo-progresista-pedro-tejedo/

      Eliminar
  10. Si tienes razón, Livia. Y se entiende lo que quiere decir, pero hay ese sentimiento de "yo soy de los buenos" y cómo a pesar de eso, con lo guay que somos, no hemos sabido verlo.

    ResponderEliminar
  11. "Los misterios de madrid" es un libro adorable leetelo!!!
    Con el Jinete Polaco me pasa como con octubre octubre de sanpedro que se que alguna vez los leere en mi vida y me gustaran, pero ya voy por el quinto intento con cada uno de ellos y no arranco.
    ahora me leo el resto del post pero es que la primera frase de las novelas me ha llevado de cabeza a los comentarios.

    ResponderEliminar
  12. Tiene muy buena pinta!!
    Lo de la estrategia de la "supremacia moral de la izquierda" es una verdad muy grande... leete "No pienses en un elefante" de Lakoff que habla sobre la estrategia del lenguaje politico basado en el principio de "O mis ideas o la nada". Lakoff era una lectura de cabecera (sic) de ZP. Ya sabes el que no es de izquierdas es un facha.

    Y yo creo que el problema es el pacto de silencio en el que participamos, si tu no hablas de los entresijos de la politica yo no hablo de los de tu asociacion y así todo...

    ResponderEliminar
  13. Puede que haya mucho que ocultar debajo de las alfombras, pero no es el caso de la mayoría de ciudadanos y el cambio y la exigencia moral tiene que venir de la sociedad. Mirar para otro lado no es la solución.

    Apunto el libro.

    ResponderEliminar