Arregladita como pa' ir de boda

Como ya conté el otro día, y relató mucho mejor Amanita, mi fin de semana empezó el jueves (aunque el viernes tocó trabajar) con un plan estupendo. El viernes salimos hacia León sin despedirnos siquiera de los cachorros. Teníamos la idea, qué ilusos, de llegar pronto para poder dar un buen paseo por León. La primera hora del viaje nos la pasamos en el coche sin salir de la ciudad. Y la segunda en el atasco por las obras de la AP-6. Que digo yo que cuando hay atasco por obras deberían cobrarte, como mucho, la mitad del peaje. Pues no.

Conseguimos llegar hacia las ocho. Cuando nos dispusimos a reposar un ratito sin saber muy bien dónde ir nos encontramos que Cazurro nos había dedicado un post entero con recomendaciones gastronómicas leonesas. Ni que decir tiene que, como buenos lectores agradecidos, nos pusimos a la tarea de seguir sus sabios consejos cuanto antes. Fuimos de avanzadilla de nuestro grupo de invitados. Estuvo bien porque empezamos antes el disfrute. Como contrapartida nos tocó hacer el trayecto de la Catedral al Húmedo casi tantas veces como la Pradera ha ido del puente a la alameda repescando a los rezagados. No sé cuántas cervezas me tomé, qué bien tiradas por cierto. La compañía fue estupenda: patatas, morchilla, chorizo, pizza,… De remate nos atizamos unos gin tonics estupendos en el Haddock, también recomendación de Cazurro. La otra compañía también fue estupenda y nos reímos mucho. Conocimos además al que debe de ser el camarero más vinagres de la historia de la hostelería. No en vano el bar se llama ‘La bicha’. Os dejo adivinar a vosotros quién decidimos que es la suso bicha.

Nos recogimos tarde pero amanecí bastante fresca, la verdad. Ya conté que desde que me hago mayor el alcohol me sienta mucho peor así que me había levantado con miedo. A la resaca y a la peluquería, que la tenía a las nueve y media. Y una peluquera siempre es alguien a quien temer. Mucho más la primera vez que te enfrentas a una. Lo de la resaca fue fácil, nada que un gran desayuno y un ibuprofeno no puedan arreglar. Así que, envalentonadas después del desayuno, Tochi y yo pusimos rumbo a la peluquería mientras nuestros ingenieros reposaban en el hotel. Contra todo pronóstico nos dejaron despampanantes. No porque la materia prima sea mala, no, sino por la especial habilidad del gremio por dejarla a una con pinta de gato escaldado. Tochi con su melenón azabache deslumbrante y servidora con una coleta bastante estilosa. No os diré lo que opinó ella porque me da vergüenza (Tochi no hables) pero yo me veía como la prota de ‘An education’ una vez comienza su refinamiento. Recomendable peli, por cierto.

Gracias al madrugón nos dio tiempo a visitar la Catedral por dentro antes del bodorrio. La noche anterior nos quedamos con las ganas al verla tan espectacular (y tantas veces) toda iluminada bajo el cielo completamente negro. Si la portada es impresionante, las vidrieras son para caerse de espaldas.

Luego tuvimos que volver al hotel a terminar el acicalamiento. La ceremonia no estuvo mal salvando dos cosas: la inevitable querencia de los curas a hablar de la muerte en todas las bodas y los impresentables de atrás que no solo tenían encendido el móvil, que sonó varias veces, sino que además contestaban a las llamadas y, esto está sin confirmar, estaban comiendo kikos. No os creáis que eran unos adolescentes irreverentes, no, eran unos señores hechos y derechos que andarían cerca de la senectud.

Tras el arroz, los pétalos, los besos y las felicitaciones a los novios y toda esa otra liturgia de rigor llegó lo interesante: el aperitivo y la comida. No os lo creeréis pero las únicas no proteínas de toda la comida fueron unos vasitos de vichyssoise y la guarnición de la carne. Y vaya proteínas, hacía años que no comía una lubina tan buena y que en una boda no me daban un solomillo tan en su punto. Luego copas, puros, baile,… Lo peor de todo el disc jockey. Era terrible.

No despellejaré porque me lo estoy empezando a prohibir pero había cada unoooo: teníamos al hijo de Chencho Arias con pajarita de lunares y complejo de ‘A single man’, o sea, con gafotas de pasta negras; teníamos una enfundada en un traje que yo creo le habían cosido una vez puesto porque de otro modo era imposible meterse ahí dentro; teníamos a otra con las tetas en la garganta y compitiendo en adherencia con la del traje anterior; teníamos un vestido de comedia sofisticada de los cuarenta que tenía alas. El vestido no era feo, del tipo de los que saca Kate en ‘La fiera de mi niña’ pero claro, si no eres Kate es mucho atrevimiento. Y luego había muchos rasos que, lo tengo dicho, no son buena idea. Si llevas medias pero no combinación hacen belcro con los panties y el efecto es terrible.

Oh, vaya, si había dicho que no iba a despellejar. Bueno sigo, luego ya nos pusimos de paisano para seguir la fiesta en otro sitio. Perdí a ND en el cambio pero a cambio me gané una cena. Es curioso ver lo diferentes que somos vestidos de boda. O es eso, o muchos se colaron en el bar. El local era pequeño pero supimos buscar un buen sitio y me puse las botas para la cena. Una empañada de bonito divina. Eso sí, nada más terminar con los canapés descubrí, por enésima vez, el gran sabio con el que me casé. Me entró una envidia de él en la camita, durmiendo ya, que no lo pude remediar y me fui a hacerle compañía.

El domingo tras el gran desayuno recuperamos nuestra conciencia paterna y abandonamos León, donde espero volver a disfrutar lo que esta vez no he podido. El viaje de vuelta fue más tranquilo. La tarde del domingo transcurrió entre el sopor y la conciencia, o sea, fue agotador.

De todos modos, me ha gustado comprobar que de vez en cuando puedo volver a ser la que era y salir jueves, viernes y sábado y sobrevivir mucho más que dignamente. Qué digo, si yo nunca he salido jueves, viernes y sábado. ¡Yupiiii, estoy más joven que nunca!

Ah, y que vivan los novios.

13 comentarios:

  1. Se te ha olvidado mencionar a la viuda negra de telefilm de antena3

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  2. He de decir que no es sabiduría, es cansancio. Llevaba en pie desde las 8 y algo de la mañana y después de la boda, el aperitivo, la comida y el baile ya no podía más.

    Por cierto, por poner una pega, la tónica era Nordic Mist.

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  3. Parecía Audrey (diría que en Sabrina, es en esa en la que lleva flequillo???) y además el vestido acompañaba.
    Ale ya lo he dicho

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  4. Cómo me he podido olvidar de la viuda negra!! Iba total, toda de negro con un vestido ceñido(ísimo) de manga francesa y un sombrerito bombonera que si llega a tener velo habría parecido sacada del funeral de Michael Jackson.

    Y sí, el fallo de la boda fue definitivamente la nordic mist. En el haddock era schweppes.

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  5. Vaya por dios, yo que vine en son de paz y resulta que me encanta la nordic mist.

    En fin, aparte de eso, otro detallito: si no aceptas ir con un antifaz que te tape los ojos, quedas borrada de la lista de invitados si vuelvo a casarme.

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  6. Hago propósito de enmienda para su próxima boda.

    Por cierto, hablando de sus mujeres, en concreto de la actual, ¿no será su Lola la Dolores de la canción de Sabina 'Pero qué hermosas eran'?

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  7. Defendiendo el honor cebollista de Annie diré que mi marido se pasó la noche mosqueado desde que vio que la viuda negra tenía la habitación en nuestro mismo pasillo (junto con la niña del triciclo de El resplandor) y que a la del traje ceñido se le marcaban hasta las intenciones.

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  8. Ah! Y protesto. Es cierto que nos dejaron muy aparentes, pero si en vez de ser peluquera llega a ser peluquero, la denuncio por maltrato y gano el juicio. Mi cuello no volverá a ser el mismo

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  9. No, no. Joaquín (no sé si a Sabina le pasará lo mismo) era un caballero que no se propasaba si la otra no quería. No como la panda de marxistas salidos en Londres, según me cuentan.

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  10. Estoy segura de que las dos estabais guapísimas. Y...¿cómo que no despellejar? ¡Si es lo mejor que se puede hacer después de una boda! (y durante también).

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  11. Las malas pulgas y falta de don de gentes del propietario-camarero de La Bicha, son tan famosas como su morcilla.

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