De acentos y librerías

Tengo una amiga argentina. Sus hijos (qué cabrones) se meten con su acento. Hoy nos ha escrito diciendo que le perdonemos el modo hispano-argentino de escribir. Ya os imagináis, dice cosas como ‘pará’ ‘¿ustedes conocen…?’ o habla del pantalón chiripá (primera noticia, ahí lo tenéis).

El caso es que a mí me gusta. Y además no entiendo a la gente que no acepta los acentos o localismos que usan los demás como si ellos no tuvieran y usaran una lengua ‘pura’ (solo el concepto me da repelús). A ver, que también los hay que agarrándose a que ‘es que en mi tierra lo decimos así’ le pegan unas patadas al diccionario (ahora panhispánico, por cierto) que pa’ qué, que diría el castizo. Y eso tampoco lo admito, que soy yo muy tiquismiquis con esto de la lengua.

Pero me voy por las ramas, como casi siempre.

El caso es que al leer hispano-argentina me he acordado de las librerías de mi niñez.Creo que ya he contado que todos los sábados íbamos a una librería en concreto. Digamos que es “La Librería” de Santander. Entonces tenía dos tiendas, ahora al menos tres. Tenía su zona de papelería (¿he contado ya cómo me gustan las papelerías?) y la de librería donde podías ojear los libros sin problemas. Mi padre además es amiguete de uno de los dependientes de toda la vida. A ND le gusta ir cuando vamos a Santander, la verdad es que es cómoda, ahora la han puesto preciosa y suelen buscarte las cosas amablemente. Sin exagerar, claro, con toda la amabilidad de la que son capaces en ciudades como Santander. No os esperéis grandes sonrisas ni rastros de familiaridad con el cliente. Por favor…

Cuando no encontrabas lo que buscabas ahí, cosa rara, ibas a ‘la otra’. Esta otra no estaba mal, con los años se han expandido también y al menos entonces sus dependientes eran más amables. Solíamos comprar allí los libros del cole, entre otras cosas por este ambiente más familiar que supongo que da el no ser La Librería de la ciudad.

Sin embargo cuando buscabas algo inencontrable ibas a la Hispano-Argentina. El local de la Hispano-Argentina era mucho peor, largo y estrecho con un mostrador corrido y un segundo piso al que se accedía por una escalera de caracol bastante estrecha. Yo nunca subí a esa otra planta, ni siquiera sé si los clientes podían subir. Tenía papelería también, claro, pero le faltaba esa magia de poder pararse entre las estanterías o las mesas con las novedades y curiosear un rato entre los libros o manosear todos los bolis de colorines, los postits y los cuadernos. Y es una pena porque de las tres que os digo, esta era la que tenía el mejor librero. Llegabas con una ligera noción de lo que querías y aquel hombre te decía exactamente lo que estabas buscando, la editorial, colección… todo. Podías ir con un título incompleto o el autor equivocado. Él te lo encontraba. Y mis recuerdos son de hace más de veinte años, es decir, no había un ordenador en el mostrador donde consultar. Era todo de memoria.

Buscando en internet he sabido que efectivamente era argentino (el nombre siempre me resultó curioso), que murió hace unos años y que le van a poner una calle en la ciudad. Lo mismo ya la tiene. A mí ahora me da pena porque me parece un poco injusto que siendo el mejor no fuéramos más allí. Es más, ni siquiera sabría decir si sigue existiendo. Y eso que mi propio padre lo reconocía ‘eso se lo preguntas al tío de la Hispano-Argentina y te lo dice en un momento’. Y así era.

Al comentarle a mi amiga lo de la librería encontró esto. Y yo me acabo de encontrar esto otro buscando una imagen para la entrada. Por si queréis saber más.

Es casi una casualidad que esté publicando esto justo el Día del Libro.

8 comentarios:

  1. Pero este no es el que estaba ahí sentado, no? No era uno así gordo y con barbas? Así lo recuerdo yo por lo menos. El tío tenía una memoria prodigiosa. Se lo sabía todo.

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  2. Sí, es ese, para mí que la foto de la necrológica es de otro... o que se afeitó cuando ya era muy mayor.

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  3. A mí leer lo del cierre me ha dado tanta pena como si conociese la librería de toda la vida.

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  4. Es que yo creo que deben ser personas distintas porque si ese fuera cofundador de Santillana y de Taurus no estaría ahí en un rincón pasando el día cuando ya estaba muy mayor, aunque a lo mejor sí. Yo creo que deben ser dos personas distintas.

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  5. A mí me has recordado a mi librería de Granada. Por suerte para mí, los libreros son un poco más jóvenes que mis padres y aún siguen, pero son muy buenos libreros. Durante toda la carrera y el resto de mi estancia en Madrid esperaba a las vacaciones para comprarme los libros allí.
    Y por cierto, lo del acento me ha hecho mucha gracia. A los que lo tenemos indiscutiblemente siempre nos ha sorprendido cómo los madrileños niegan que ellos tengan un acento especial.

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  6. Es que acento tiene todo el mundo, es la forma de pronunciar y es inherente a hablar. Hablas, tienes acento.

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  7. A mí el acento argentino (bueno, de todo el cono sur) me encanta: es castellano con un vocabulario mucho más rico y con la entonación italiana. Podría escucharles por horas...

    Y me ha hecho gracia lo q dices de q sus hijos les corrigen... Mini ya nos corrige a nosotros :)

    Muxus y feliz día del libro, sant jordi, san jorge y saint george!

    di

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  8. También me encantan las papelerías. Estaría horas tocando los cuadernos, y los bolis, y las gomas de borrar, y ¡Todo lo que tienen! Da mucha pena que se cierren los comercios de toda la vida, pero más el comentario que haces sobre cómo conocía los libros sin ordenador a mano. A mí me ha pasado recientemente algo así en una librería de Madrid, y me quedé bastante pasmada, porque no es lo normal ya, desde luego.

    Y vale, me creo que sea casi una casualidad :-)

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