Lalín, por fin

Si yo fuera un buen escritor con estos mimbres que os doy haría un thriller que sería un best seller inmediato y con versión cinematográfica incluida. No voy a mentiros, no tengo esa capacidad y además lo que os voy a contar es cierto, no me voy a permitir licencias novelescas. Pero qué diríais de una historia que mezcla viajes en avión, pasar alicates y destornilladores por los detectores del aeropuerto, viajar junto con un presidente de comunidad autónoma, perder la maleta, un actor de medio pelo...? Elementos para un buen relato hay, no me digáis que no.

Hecho este inciso os comento que la semana pasada tuve que viajar a Galicia por causa del trabajo. A ganarme el jornal que no está la cosa como para decir que lo haga otro, aunque yo ya estoy bastante cascado para estar toda la noche trabajando. Mi espalda me dice que me voy haciendo mayor, aunque no lo quiera reconocer. El caso es que sentamos nuestros reales es Lalín, provincia de Pontevedra, que está a mitad de camino entre Orense y Santiago. Estuvimos en un hotel muy bueno, aunque estaba en un polígono industrial, pero para el uso que le dimos que fue dormir (poco) y desayunar era más que suficiente. Además contaba con el atractivo de ser un hotel gay friendly y eso no es desdeñable, sobre todo cuando vas vestido como un componente de Village People. Operario, que diría Tochi.

El día no empezó muy bien porque llegamos algo tarde a coger el avión. Ese algo tarde es con una hora de antelación, pero dados los recortes de Iberia eso es muy poco tiempo porque no hay una línea para facturar la maleta de tu vuelo, sino de todos los que viajamos en turista. Eso hace que esa hora te la pases ya casi haciendo cola. Cuando llegamos a facturar las maletas nos dijeron que el vuelo estaba cerrado y que no podíamos hacer más que meter las maletas por el control de equipajes de mano y decir a la puerta del avión que nos las metieran en la bodega. Hay que decir que en la maleta llevábamos destornilladores, alicates, cables, pilas, alambres... en fin, un muestreo casi completo de lo que no se puede pasar. Yo incluso llevaba un bote de desodorante normal y corriente de los que tampoco se pueden pasar no te vaya a dar por hacer un lanzallamas a bordo...

Bueno, la de seguridad me miró con una cara de espanto al ver todo aquello en la pantalla que lo decía todo. Me dijo que todo eso no podía pasarlo. Yo lo entendí, me parece una norma estúpida, pero lo comprendía. De todas maneras le dije que lo necesitábamos para nuestro trabajo, que las necesitaba esa noche y que costaban un buen dinero. Me dijo que ella no podía hacer nada, pero que se lo dijera a los guardias civiles. Con todas las de perder fui a hablar con uno, le conté mi problema y como al final la maleta iba a ir en la bodega y... me dejó pasar. Me alegré, pero por otra parte vi lo inútiles que son las normas esas y la que se arma cuando se te olvida un cortauñas en el neceser.

Fuimos rápidamente hasta el final de la T4. Sí, siempre que llegas con el tiempo pillado te dan la puerta más alejada. Yo creo que lo hacen aposta. Y dejamos las maletas a la entrada del avión. Una vez sentados vimos que entró Núñez Feijoó, el presidente de la Xunta. Hay que reconocer que iba sin escoltas y viajando en turista dos filas detrás de mí, lo cual hace que parezca honrado, o cuanto menos que cuida esos detalles. Desde luego no parece de los más tontos del PP. También iba a bordo el presentador ese que os he dicho ahí arriba que no sabía ni como se llamaba y me ha costado encontrarlo en google. He puesto presentador de concurso tve y me ha salido, para que luego digáis que google se equivoca cuando manda gente al blog...

Una vez en Santiago pasó lo que parece imposible que pase y es que se pierda una maleta que tú has llevado hasta la puerta del avión. Estaba claro que al final lo de no poder facturar, tener que pasar de estranjis las herramientas y ahora perder una de ellas era el destino hablando con nosotros diciéndonos que no debíamos seguir adelante, pero como el destino no paga nuestras nóminas, o al menos no directamente, fuimos a un Leroy Merlin a ver qué podíamos restituir mientras replanteábamos lo que íbamos a hacer por la noche con la mitad de los equipos. Me llamaron de Iberia y me dijeron que la habían encontrado, que se había perdido la etiqueta y que entonces tenía que pasar por aduanas. Supongo la cara de flipe del de la aduana al examinarla, pero finalmente se empezaban a enderezar las cosas. Otro con menos cuajo que yo ya hubiera tirado la toalla, seguro!!

Bueno, para terminar de preparar el pretrabajo nos fuimos a cenar y por fin uno de los que venían conmigo pudo probar un pulpo digno de tal nombre en Galicia. La verdad es que el sitio estaba muy bien y nos pusimos hasta arriba de pulpo y unos langostinos de un tamaño que te los encuentras en el mar y te vas corriendo asustado... más de un palmo estirado medía. Además me tomé un par de Estrella Galicia y me fui asentando después de tanto estrés.

Del trabajo mejor no hablar, eso mejor dejarlo. Tuvimos que volver en coche porque los amables pilotos de Iberia han decidido como regalo especial del día de la madre que todos los viernes y lunes hasta mediados de julio todos los pasajeros se acuerden de las suyas. La contrapartida buena es que compré 12 kilos de queso en Benavente, aunque para mí son solo tres, no os creáis que soy tan tragaldabas!!

En fin, parece que en bastante tiempo no vamos a tener que volver por allí y me alegro. No es que tenga nada en contra de los gallegos ni nada parecido, me encanta Galicia (la foto del post la hice desde la habitación del hotel el viernes por la mañana alucinado de los colores del bosque), pero lo de trabajar de noche, de pie, pasando frío y escuchando tonterías no va mucho conmigo, creo que estoy cerca de mi límite al respecto si no lo he superado ya.

10 comentarios:

  1. La verdad que suena muy rocambolesco, como deben ser unas medidas nocturnas, pero en este caso llevado al extremo.
    Cuando fui a México llevé un aparato, un analizador de espectros, que emite la señal que quieras a la frecuencia que quieras. Y lo llevé conmigo en la cabina, porque les expliqué que valía como mi sueldo anual y que eso no se facturaba ni de coña. Y como lo de espectros suena a fantasmas pues nada, así volamos. También llevaba el registrador, los polímetros y tal, al final sólo facturamos lo que eran los cables y los alicates. Así que sí, las normas esas no valen de nada y las madres de los pilotos se tienen el cielo ganao.

    ResponderEliminar
  2. Fue bastante estresante porque no paramos un minuto a descansar y yo ya estoy mayor, Eliahh. Tengo mis achaques y mis dolencias y no estoy para ir arrastrao por ahí...

    ResponderEliminar
  3. Un despropósito de viaje pero te ha quedado una entrada de lo más amena.

    ResponderEliminar
  4. Gracias, Pseudosocióloga, seguro que tú tienes un montón de anécdotas de aviones!!

    ResponderEliminar
  5. No me extraña que te hayas acordado de la familia de unos cuantos... Por cierto, no te imaginaba yo como la foto del enlace, fíjate, estaba segura de que no llevas bigote XD.

    ResponderEliminar
  6. Pues ya ves, doctora. Es que con el bigote te haces respetar. Jajajá xD

    ResponderEliminar
  7. Cuanto resquemor con lo del operario...

    ResponderEliminar
  8. Mola esa forma cervantina de estos tiempos que tienes de escribir, maestro.

    ResponderEliminar
  9. Gracias, Martillo Pilón, por los halagos. Me ruborizo!

    ResponderEliminar