Tres libros cortos

Este fin de Semana Santa he tenido un reprís lector que ha dado como resultado que en cuatro días me he leído tres libros. Más bien debería decir libritos porque no son muy grandes, aunque eso es solo en cuanto a tamaño. Los tres son recomendables, aunque de distinta manera. Y para eso estoy yo aquí, para deciros por qué debéis leeros cada uno de ellos.

El primero es A Sangre Y Fuego de Manuel Chaves Nogales. Últimamente hay un boom editorial con este señor y no hacen más que publicar libros y libros suyos. Yo quiero leerme uno que se llama El maestro Juan Martínez que estaba allí sobre una troupe flamenca que estaba en Rusia cuando estalla la revolución. Os pongo un enlace a un artículo de Pérez Reverte sobre él.

Este libro está compuesto por varios relatos sobre la guerra civil. Según él son relatos reales, pero con los nombres cambiados por la cercanía de los hechos. Él murió en 1944 y el libro está publicado en 1937, al poco de comenzar la guerra civil.

Como dice el subtítulo del libro retrata a héroes, bestias y mártires de la guerra civil, aunque más bien bestias. Tiene una introducción suya magnífica en la que dice cosas como: "Ni blancos ni rojos tienen nada que reprocharse. Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que se partieran España" o "Viniendo de un campo o de otro, de uno u otro lado de la trinchera, llegará más tarde o más temprano a la única fórmula concebible de subsistencia, la de organizar un Estado en el que sea posible la humana convivencia entre los ciudadanos de diversas ideas y la normal relación con los demás Estados, que es precisamente a lo que se niegan hoy unánimemente con estupidez y crueldad ilimitadas los que están combatiendo". Como veis era un tipo bastante lúcido.

Los relatos están bien. Lo único que le echo en cara es que escribe de una manera demasiado rebuscada, recreándose en los adjetivos, cosa que no me gusta. Para mí Camba y Pla están muy por encima de él en cuanto a escritores o periodistas-escritores. Aún así merece la pena y es bastante corto como ya he dicho.

Un ejemplo de lo que digo de escritura recargada es este, por ejemplo:

"Al rato de estar allí Valero, entró un tipo desbaratado y vacilante que fue a echarse de bruces sobre la mesa del rincón opuesto. Era un hombre joven, delgado, blando, los brazos largos y colgantes, un mechón de pelo de muerto caído sobre la frente pálida, el ojo turbio y rastrero, el cuello huidizo y un alentar fatigoso en la faz. Encajaba nerviosamente las mandíbulas y expulsaba el aire con mucho esfuerzo por la nariz, cuyas aletas se dilataban ansiosamente cuando levantaba la cabeza para coger aire con un movimiento de rotación desesperado. Durante algún tiempo el hombre aquel estuvo con la cabeza caída sobre el brazo doblado como si sollozase. Valero le contempló con lástima. Era la imagen fiel y patética del esfuerzo sobrehumano, la representación plástica de la debilidad que saca fuerzas de flaqueza, la encarnación de Sísifo, el dramático espectáculo del hombre que quiere y no puede."

Otro par de párrafos:

"—El pueblo —replicó el marqués— siempre es cobarde y cruel. Se le da el pie y se toma la mano. Pero se le pega fuerte y se humilla. Desde que el mundo es mundo los pueblos se han gobernado así, con el palo. De esto es de lo que no han querido enterarse esos idiotas de la República. Y como no tenía nada más que decir, se calló."

"La guerra y la revolución serían menos duras y menos crueles si los hombres que las hacen hubieran dormido bien, a gusto, en una cama blanda y grande en la que fuese posible estirar las piernas entre unas sábanas frescas."

El segundo libro es Los Once de Pierre Michon. Este es un autor francés que suele sonar para ganar el premio Nobel, pero de momento no lo ha ganado. Y la verdad es que calidad le sobra. ¡Qué bueno es, el tío! Eso sí, esto es literatura con mayúsculas. Esto es leer por el placer de la musicalidad de las descripciones y dejarte envolver por su erudición y maestría. Es difícil de leer y creo que merece un ritmo pausado. Yo creo que tenía que haberlo leído más despacio, pero es muy bueno.

El libro trata sobre un cuadro del Louvre sobre los once que son los miembros del comité revolucionario que instauró el Terror. El escritor describe el cuadro, la vida del pintor y sus antepasados, el encargo, a cada uno de los retratados con gran minuciosidad. ¿Dónde está el truco? Pues en que ni el pintor ni el cuadro existen. Son invenciones del escritor que lo pinta como real. Parece que este tipo de trucos son frecuentes en los escritores franceses actuales. Michel Houellebecq también describió un cuadro inexistente en El Mapa y el Territorio, aunque no era el tema central del libro.

Es un libro muy interesante y profundo. Advierto. En él se pueden leer cosas como estas:

"...y era madre amedrentada sin límites porque a una princesa no le queda más remedio, en la edad en que se le va rellenando la pechera del vestido, que dar con un huso con el que pincharse la mano y morir."

"y dicen las malas lenguas que no fue ni por mirada de amante ni por amistad de cochero por lo que fue floreciente ese comercio, sino por su mérito y su trabajo sin más y, en consecuencia, porque era más bribón, pues los éxitos sociales que se atribuyen sólo al mérito y al trabajo, tanto en aquel tiempo como es este nuestro, proceden de una bribonería mucho mayor de la que puede caber en las miradas de las amantes o el látigo de los cocheros."

"Dios es un perro y, cuando eres ínfimo, sólo creces pisando a otro más ínfimo."

"Se contaba Francois Corentin entre esos escritores que estaban empezando a decir, y seguramente a pensar, que el escritor valía para algo, que no era lo que hasta entonces habían creído; que no era esa superfluidad exquisita para uso de los Grandes, esa frivolidad sonora, galante, épica, para que se la sacara un rey de la manga y la exhibiera ante jóvenes más o menos vestidas, en Saint-Cyr o en el Parque de los Ciervos; que no era un castrado ni un saltimbanqui; que no era un objeto hermoso engarzado en la corona de los príncipes; que no era una mujerzuela, ni un chambelán del verbo, ni un comisionado de festejos; nada de todo lo dicho, sino una inteligencia, un aglomerado potente de sensibilidad y de razón que había que incorporar a la masa humana para que fermentase; un multiplicador del hombre, un poder de crecimiento del hombre, igual que las retortas lo son del oro y los alambiques del vino; una máquina poderosa para incrementar la dicha de los hombres. Ese empujoncito tiene por nombre los escritores de las Luces, usted lo ha dicho, caballero. Y es cierto que estaban del lado de la luz, incluso y sobre todo si tenían la dolorosa certidumbre de ser un topo que asoma la nariz desde el patio de un sótano, pues, fueren cuales fueren la ilusión o la impostura fundadora, el trucaje para meter a Dios en el nido que le estaban preparando sus páginas, el apetito lemosín que los mantenía en pie, fueron, a su modo, la sal de la tierra. A su modo fueron esa levadura que querían ser: porque ese apetito lemosín habían conseguido transmutarlo en lo hondo de sí mismos, como por arte de magia, pero de forma muy verídica, en generosidad."

"Corentin fue el hijo de un hombre que eligió las letras, que se lo sacrificó todo, y a quien las letras destruyeron. Un hombre a quien las letras le dieron, por turnos, esperanza, maldad y vergüenza. Porque si bien puede acontecer que los lemosines elijan las letras, las letras, por lo que a ellas se refiere, no eligen a los lemosines."


El tercer libro que me he leído es El Silencio de la Ola de Gianrico Carofiglio. Este libro me lo he leído de una manera extraña. Lo he comprado para regalárselo a mi padre de cumpleaños. Le regalé otro el año pasado, Las Perfecciones Provisionales (¡¿vaya título, eh?!), que le gustó mucho. Es policiaco y yo creía que este era el siguiente de la serie, pero no tiene nada que ver. Cuando me enteré, y a instancias de Anniehall, decidí leérmelo con mi súperpoder de dejar los libros incólumes para ver qué tal estaba y si le iba a gustar a mi padre.

Me ha gustado. Es bastante corto y estructurado en capítulos cortos lo que hace que se lea en un suspiro. Cuenta la historia de un carabinieri, Roberto, que va al psiquiatra y poco a poco se nos va contando su vida y el por qué está ahí. Aparece otra paciente con la que se cruza y se va tejiendo una historia. Por otro lado hay una especie de diario de los sueños de un niño que se va intercalando entre los capítulos de la historia.

Cosas que no concibo: no puedo entender como se publica un libro que va a ser un bestseller y que en una página del mismo al protagonista en vez de llamarlo Roberto, lo llamen Alberto. ¿Es que nadie se lo ha leído?, ¿nadie revisa? Os pongo unos párrafos:

"Estar en la sala de espera de un psiquiatra no es lo mismo que estar en la consulta de, pongamos, un traumatólogo. A nadie le importa admitir que le funciona mal un tobillo o una rodilla. A nadie le importa encontrarse con un conocido en la sala de espera del dentista o del otorrino. Es más, se intercambian cuatro frases y el tiempo pasa más rápido.
Pero a todos les cuesta admitir que les funciona mal la cabeza. Si la cabeza te funciona mal puede que estés loco. Y no te apetece lo más mínimo encontrarte con un conocido cuando estás en la sala de espera del psiquiatra, o cuando sales de la consulta, mejor dicho, de la terapia.
¡Hola!, ¿qué tal? Yo soy un maniaco depresivo con pulsiones suicidas, ¿y usted? Perdone, caballero, ¿por qué me mira de esa forma? ¡Ah, claro!, soy su asesor financiero y no le hace mucha gracia saber que su dinero está en manos de un maníaco depresivo con pulsiones suicidas, etcétera."

"Cantoni es un imbécil que mide un metro setenta y es cinturón marrón de judo. Me gustaría reaccionar ante sus actos de prepotencia, pero yo mido un metro cincuenta y cinco y, como mucho, podría derrotarle jugando al ping-pong, que se me da bastante bien."

"Cuando estás allí comprendes que todo lo demás son gilipolleces. Perdone el taco, doctor, pero eso es exactamente lo que quería decir: gilipolleces. Existe una sensación de verdad, no sé cómo decirlo, la idea de que todo está... claro y en su sitio. Una sensación de belleza, de plenitud, de ser un todo con el resto. Cuando la ola te lleva, sientes que formas parte de algo, si entiende lo que quiero decir; y te parece que todo tiene, por fin, un significado."




5 comentarios:

  1. De Michon lo he leído todo, y si está traducido por Gallego Urrutia, más todavía. Es mi autor fetiche (junto con Amelie Nothomb).

    El de Nogales me lo prestó alguien que sabe, pero no leo libros de la Guerra Civil, ni veo películas del tema, así que se lo devolví. El que más quiero leer de él es la biografía de Belmonte, aunque al que tú dices no le haría asco alguno.

    Fíjate en la frase que has citado: cuando se es ínfimo solo se puede crecer pisando a otros más ínfimos.

    Esa es la sociedad que rechazo.

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  2. Espera, espera, espera,... ¿tres libros en papel?
    Dios mío, lo analógico aún existe ;)

    En fin, otros más para mi lista. Ahora que tengo bici lo de Jo Nesbo va más lento, a ver si en Madrid le pego un achuchón.

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  3. La biografía de Belmonte la tengo en casa y quiero leerla, ya veremos cuándo...

    Respecto a la frases esa, NáN, la rechazas tú y prácticamente toda persona de bien, creo.

    También me impactó la que puse en el párrafo anterior cuando dice "porque era más bribón, pues los éxitos sociales que se atribuyen sólo al mérito y al trabajo, tanto en aquel tiempo como es este nuestro, proceden de una bribonería mucho mayor de la que puede caber en las miradas de las amantes o el látigo de los cocheros".

    Eliahh, en papel era uno, el último, pero llevo leyendo un montón de libros en papel este año. Hasta que cogí el kindle por semana Santa llevaba seis o siete de papel del tirón y ahora me estoy leyendo otro en papel.

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  4. Bueeeeeno, haré un esfuerzo y los buscaré a ver si me los leo.

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  5. Si quieres los pongo a tu disposición, menos el que le voy a regalar a mi padre... ;-)

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