Tragando tierra

Yo no soy alérgico. Al menos no mucho. Hoy en día es casi como decir que eres drogadicto. Hay tanto alérgico que el que no lo es pasa clandestinamente sobre conversaciones de ebastina, de ojos llorosos, de mocos, de tipos de polen y demás parafernalia alérgica.

Dicho esto, hay algo que no tiene que ver con la alergia y sí con tener una ciudad inundada de plátanos. ¿Por qué tiene que estar la ciudad llena del árbol que más mierda suelta en primavera? ¿No hay otro tipo de árboles que no sean tan desagradables por estas fechas?

Yo voy normalmente andando de casa al trabajo y del trabajo a casa. Estos últimos días en los que hacía bastante viento en Madrid ha sido una lucha titánica llegar a los sitios. Estoy harto de tragar semillas de árbol, de tragar tierra, de tragar polen, de que se me metan trocitos de las semillas en los ojos, de que tenga la boca como si me hubiera comido un puñado de tierra.

El fin de semana pasado fuimos al Retiro y la que había montado en la Puerta de Alcalá era monumental. Había unos remolinos gigantescos de semillas, tierra y polen que se te metían por todas partes y te hacían temer por tu integridad. Al final lloré, estornudé y moqueé como un alérgico, porque yo creo que ahí tenía que haber polen de todos los árboles y plantas del mundo, incluso de algunas especies desconocidas. Eso no sé si era alergia o los estertores para intentar no morir.

Puede que el número de alérgicos aumente como está aumentando el de miopes y que al final la naturaleza sea nuestra enemiga. También se habla de que la contaminacion empeora el asunto. Tengo un compañero que es alérgico a un montón de cosas y hay otro compañero que le dice que eso es porque de pequeño no se metió puñados de tierra en la boca. Puede que tenga razón, pero viendo lo que uno puede encontrarse en un parque infantil, no voy a ser yo el que le deje a mi hijo meterse la tierra.

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