Sola

Con dieciocho añitos me vine a Madrid a estudiar. Mis padres se podían permitir escuela privada o residencia pero no las dos. Así que mi madre, que siempre ha sido muy pragmática, tuvo que pelearse con sus padres para hacerles entender que no iba a vivir con ellos. No, me iba yo sola al que había sido el piso de sus suegros (entonces vacío). Mis abuelos, pensaba mi madre, ya estaban mayores y si me quedaba en su casa me iba a dedicar más a la geriatría que a la ingeniería.

Mi abuela nunca entendió aquella decisión y no perdía oportunidad de decírselo a mi madre. No en vano, muchos años atrás, toda su familia se había trasladado a Madrid desde Santander cuando uno de sus hermanos decidió estudiar medicina. Ella siempre me contaba que jamás comprendió los motivos de sus padres hasta que, mucho tiempo después, vio en el cine como aquella perdida de Sally/Liza llevaba por el mal camino al inocente Bryan/Michael en 'Cabaret'.

Así que supongo que yo debía de ser, a los ojos de mi abuela, una pobre corderita inocente a punto de ser descarriada por la vida con ayuda de algún indeseable. Y por la que ella no podía hacer nada, salvo rezar cada mañana y alimentarla de lunes a viernes.

Sin embargo, a mis propios ojos, yo había pasado de ser la niña de mis padres a una mujer madura e independiente. Todo eso en el tiempo que el autobús de la Continental recorría los cuatrocientos kilómetros que separan Santander de Madrid. Sí, ya lo sé, todavía me faltaba mucho por madurar y además de independiente, nada, ni económica ni emocionalmente. Sólo digo que era como yo me sentía cuando llegué aquí. Me encantaba la idea de vivir sola, organizarme la vida como yo quería, ver lo que quisiera en la tele, administrarme el dinero, hacer la compra, preparar la comida… Aprender a cocinar. Porque aquí donde me veis me vine a vivir yo solita sin saber freír un huevo. Literal. Mi hermano se pasó todo el verano riéndose de mí, pero a mi madre no le preocupaba nada. ‘A la fuerza ahorcan’ suele decir. Y así fue. Ahora creo que me defiendo bastante bien con mi arte culinario autodidacta.

Los casi siete años que viví sola no fueron, por supuesto, tan idílicos como yo pensaba. Al principio fue difícil separarme del nido, la plancha y la bayeta son un auténtico coñazo y sobrevivir con la asignación que tenía a veces era difícil. Pero me encantaba ser tan independiente. Aprendí a ir sola de compras, me perdía en la fnac por horas entre pelis, libros y discos, si a nadie le apetecía la peli cultureta que a mí sí pues me iba por mi cuenta… Y jamás tuve miedo de que me pasara algo. Supongo que lo que me gustaba era saber que podía valerme por mi misma. Tanto me gustaba que mi madre empezó a decir que tuviese cuidado, que estaba empezando a coger manías de solterona. Y puede que las tenga. Tampoco es que fuera el lobo estepario, mis mejores amigos son los de esa época, pero me gustaba disfrutar de mi vida en mi 'pisito de soltera’.

Luego llegó ND y estar sola ya no molaba tanto. Todo era mil veces mejor juntos así que me fui desacostumbrando. Y también me acomodé. Es tan fácil dejarse cuidar por alguien como él. Por último llegaron los niños y entonces, como decía el otro día él, pasamos a ser actores secundarios en nuestra propia vida. Mis horarios son los suyos y vivo casi sólo para ellos. Por supuesto es una renuncia consciente, supongo que temporal, y generalmente muy gratificante. Pero el hecho es que YO ya no soy solo yo y casi me he olvidado de mí.

Y de repente, el domingo, vuelvo a una casa vacía con toda una semana por delante para disfrutar de mi soledad. Pero se me ha olvidado. Hasta me daba pereza y, por las noches, los mil ruidos de esta casa me dan miedo. ¿Cómo es posible que todo cruja tanto? Otras veces suelo organizarme planes y desde que programamos las vacaciones anhelo secretamente que lleguen esos días de libertad. Disfruto con la idea de que si quiero puedo echarme una siesta de tres horas o improvisar sobre la marcha las comidas, de no tener que ir contrarreloj a todas partes, de tener la nevera vacía si me da la gana y de noches enteras de dormir a pierna suelta sin llantos por sed o por el chupete caído.

Pero esta vez no. Esta vez estaba apática y las tardes del domingo y el lunes se me han hecho eternas. Llevo dos noches durmiendo fatal. Me he visto media temporada de ‘Mujeres Desesperadas’ (precisamente, qué curioso). Hasta hoy. Hoy he decidido que no puede ser y, después de comer tranquilamente y echarme un ratito en el sofá con la tele de fondo, como a mí me gusta, me he ido de compras. No se me ha dado mal aunque no he podido rematar con el cine que pensaba regalarme porque la cartelera es un erial. Al llegar a casa, a las siete y sin prisas, me parecía mentira toda la tarde que todavía tenía por delante. Sin baños, ni cenas, ni cuentos de buenas noches, ni la posterior caída en el sofá completamente rendida… No, tengo todavía mucho rato para mí. Así que me he puesto a mis queridas Ella y Dinah y he abierto una cerveza.

Oh, sí, así era esto…

A vuestra salud.


11 comentarios:

  1. C.TE QUIERO MUCH0 MAMA

    (Lo ha escrito C. que no me ha dejado terminar de leer el post)

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  2. No consigo oir la música, será cosa del ordenador. Supongo que será what a diff'rence o algo así!

    Muy buen post!

    Y muy adecuado lo de poner a una superwoman en la imagen porque lo eres.

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  3. Ay, qué mona!!


    Has acertado con la canción. Hoy he venido en el coche con ella. Ayer probé el enlace y funcionaba. A lo mejor es por esto de las entradas programadas y lo ha descojonao. O a lo mejor es mi proverbial torpeza.

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  4. me encanta la canción....

    A mi lo que mas me gusta de estar sola es la posibilidad de no hacer nada...ver como bien dices que a las 7 te queda toda la tarde....con enanos a las 7 empiezan las horas del horror...ya sabes.

    Lo del enmochamiento de Pe te lo explico otro dia...la cocina me llama.
    Besos

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  5. Hola

    Me ha gustado lo de ser actores secundarios en nuestra vida. Es así. A veces le digo a Consuerte que cuando llegue el momento en que los pollitos vuelen no sabresmo que hacer, ya que todo gira en torno a ellos: vacaciones, horarios, cine...

    Besis de incógnito.

    Diva

    (haciendo ensaladilla rusa)

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  6. Sí, es un poco síndrome de Estocolmo. Te acostumbras a ser secundario y cuando te toca volver, cual estrella de capa caída, a ser protagonista es un poco como de telefilm de antena 3 por la tarde... no acaba de cuajar...

    Todavía nos queda bastante para eso, pero yo lo he visto con mis padres.

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  7. La soledad es un poco como el alcohol, un poquito se agradece ,hasta llegar al punitllo. Pero si te pasas, tiene unos efectos secundarios horrorosos

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  8. Ani, me dan mucha envidia los anios q estuviste independiente en madrid... a los 18! Mis amigas q se fuerona estudiar fuera estaban en cole mayor, y luego, más adelante, compartiendo piso. me hubiera encantado vivir sola a los 18... Los q nos quedamos en casa con los padres, pq teníamos la facultad a unas paradas de bus, prolongamos la adolescencia hasta los veintipocos. Seguías viviendo como de bupera, tus padres llevaban el show, a algunos conocidos aún les daban la paga. Yo me fuí de casa directa a otro país. Tampoco sabía hacer un huevo (para ser sincera, sigo sin dominarlo). Unos tipos hicieron un estudio famoso en los 70 sobre factores q invcrementan el riesgo de depresión (dejar tu casa, cambiarte de país, empezar un nuevo trabajo, etc etc hay hasta 20), yo creo q tenía un montón de ellos de golpe. Sobreviví, pero aún me pregunto que habría pasado en mi piso de soltera a los 19.

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  9. Estaba bien pero, como dice Peter, con moderación. Lo que quiero decir, Di, es que a veces también deseaba saber cómo sería eso de vivir en un colegio mayor o en un piso compartido.

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  10. A mi se me cayó la casa encima cuando Anniehall se cambió de trabajo hace dos años y me quedé solo en junio, en la eurocopa que ganó España.

    Es curioso, porque cuando estaba compartiendo piso lo que me parecía más maravilloso era estar solo. Claro que mis compañeros de piso no eran Anniehall!

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