Carlos

Carlos fue un niño hijo de abogado. Era judío, pero tuvo que bautizarse y hacerse protestante, al igual que toda su familia, para que el padre pudiera acceder a un puesto elevado en la judicatura. Nunca recibió educación judía ni tuvo el menor interés en ella. Tuvo una vena poética. Escribía poemas a su novia y futura mujer. Eran unos poemas un tanto grandilocuentes y tenía cierta fijación con la destrucción del mundo. Esta vena poética se puede apreciar en sus escritos, aunque no eran poesías. Siempre tuvo una visión artística más que científica del mundo. Estaba obsesionado con el Juicio Final.

Fue periodista y con este trabajo le fue mejor. Era incapaz de organizarse para realizar grandes proyectos, pero su ingenio y su fogosidad le servían perfectamente para escribir columnas en periódicos y podría haberse ganado la vida con ello, pero se dispersaba. De hecho, más de ciento cincuenta artículos se los escribió su mejor amigo que se llamaba Federico.

Su gran obsesión era ser respetado por el mundo académico, pero eso nunca lo consiguió. Fue doctor en filosofía y mostró especial predilección por la filosofía hegeliana debido a que casaba muy bien con sus ideas apocalípticas.

Un motor muy importante en su vida fue su odio a los prestamistas judíos y, en general, a los burgueses. Toda su vida estuvo debiendo dinero. No fue capaz de ahorrar ni de adecuar sus gastos a sus ingresos. Su aversión a los prestamistas fue el gran impulso de su obra. Dilapidó la asignación que le envió su padre y cuando se murió dilapidó la herencia. Siguió sableando a su madre hasta que esta decidió romper relaciones con él. Se fundió la dote de su esposa, aunque de manera intermitente conseguía recuperar algún artículo de la casa de empeño. Sableó a su amigo Federico hasta que éste se murió y aún así seguía debiendo dinero a muchísima gente.

Durante toda su vida tuvo muy poco trato con los trabajadores. Nunca visitó una fábrica a pesar de que podría haberlo hecho dado que su tío fue el fundador de Philips y la familia de su amigo Federico tenía fábricas textiles. Sus relaciones con los trabajadores fueron problemáticas porque ellos no querían aceptar los planes de acción y las consignas revolucionarias de Carlos. Según él la cabeza de la emancipación debía ser la filosofía y su corazón debería ser el proletariado. Tenía propensión a la ira y, aunque no era alcohólico, le gustaba mucho beber y emborracharse. Tuvo que enfrentarse en duelos y en uno de ellos le hirieron un ojo.

Tenía obsesión por los hechos y por los datos, pero siempre que pudiera examinarlos desde su estudio. No le interesaba mirar el mundo y descubrir las cosas por sí mismo. El interés por la pobreza le vino cuando estudió el derecho de los campesinos a recolectar leña, aunque no hay ninguna prueba de que alguna vez hablara con un campesino o un terrateniente sobre el asunto. Ya he comentado que siempre receló de los trabajadores y estos de él. Según él, los trabajadores eran muy moderados en los fines a perseguir y en los medios para obtenerlos. La mayoría no eran revolucionarios. Querían mejorar sus condiciones de trabajo, pero no querían la revolución. Carlos los despreciaba por ello. Cuando organizó la internacional comunista se preocupó de que ningún trabajador procedente de la clase obrera tuviera un cargo importante.

A Carlos no le interesaba investigar personalmente las condiciones de los trabajadores. Él había llegado a sus conclusiones y ahora sólo quedaba buscar los datos que las sostuvieran. Karl Jaspers dijo de él: 'El estilo de los escritos no es el de un investigador… no cita ejemplos ni presenta hechos que contradigan su propia teoría, sino sólo aquellos que indiscutiblemente dan fundamento o confirman lo que él considera la verdad última. El enfoque es, en su totalidad, el de una justificación, no de una investigación, pero es la justificación de algo presentado como la verdad indiscutible. Con la convicción no ya de un científico sino de un creyente'. Los hechos no fueron nunca importantes para Carlos. Seguía el aforismo periodístico de 'no dejes que la realidad te estropee una buena noticia'. Su gran obra será un sermón que embistirá contra los procesos industriales y el principio de la propiedad privada desde el punto de vista de un hombre que tiene un odio irracional a ambos.

Según Carlos cada vez habrá menos capitalistas con más dinero. A esto le seguirá un aumento del volumen de la pobreza, opresión y explotación que llevará a una intensificación de la ira de la clase trabajadora. Una vez que se den estas condiciones se producirá la catástrofe que llevaba visionando desde su juventud. Es poético, pero como pitoniso no tenía precio.

Carlos buscaba los hechos que concordaran con sus ideas, pero además tergiversó los hechos para que terminaran de amoldarse a su idea. Al fin de justificar su tesis en forma científica debe demostrar:
  1. por malas que hayan sido las condiciones de trabajo en las manufactura precapitalistas, se han vuelto mucho peores bajo el capitalismo industrial;
  2. que, una vez admitida la naturaleza impersonal e implacable del capitalismo, la explotación de los trabajadores alcanza un punto culminante en las industrias con mayor proporción de capital invertido.
El primer punto ni lo demostró. El segundo lo hizo basándose en un informe de su amigo Federico que tampoco estaba por la labor científica, sino un mero panfleto. Proporcionaba datos de la época preindustrial como si fueran actuales y dentro de los datos actuales buscaba los de aquellas fábricas más atrasadas e incompetentes donde no se había invertido capital. Las fábricas eficientes y con acceso al capital eran las más interesadas en aplicar las leyes sobre fábricas porque así eliminaban lo que consideraban competencia desleal. Carlos sabía que su amigo Federico había alterado los datos, pero los dio por buenos. Por ejemplo, cuando Gladstone dijo que: 'Vería casi con aprensión y dolor este embriagador acrecentamiento de riqueza y poderío si creyera que está circunscrito a la clase acomodada. Pero la condición media del obrero inglés, es una felicidad saberlo, ha mejorado en los últimos veinte años a un grado que sabemos extraordinario, y que podemos calificar como sin paralelo en la historia de cualquier país y de cualquier época.' lo cambió por: 'Este acrecentamiento embriagador de riqueza y poderío está completamente circunscrito a las clases de propietarios'. Aleccionador.

Sobre su ansia de poder, su violencia, su querencia a explotar a la gente a su alrededor y su incapacidad de administrarse hay pilas de información. Paul Johnson afirma que no hay nada en la época de Stalin que no estuviera preanunciado a la distancia en la conducta de Carlos. En su debido momento, Lenin, Stalin, y Mao Tse Tung practicaron en una escala desmesurada la violencia que Marx sintió en su corazón y que sus obras rezuman.

Era habitual que la gente que le conocía le calificaran como dictador. Tuvo problemas de hígado y debido a su falta de higiene sufrió forúnculos por todo el cuerpo durante décadas. Él veía el préstamo de dinero como un crimen de lesa humanidad que su sistema quería eliminar, pero en su propio caso explotaba a todo el que estaba a su alrededor empezando, como ya he contado, por su familia. No asistió al entierro de su padre y su madre le recomendó que acumulara capital en lugar de escribir sobre él.

Su amigo Federico vendió sus fábricas y le asignó algo más de un tercio de las rentas a Carlos, pero aún así le seguía sableando y pidiendo más.

Alguna virtud humana debía tener y, según parece, era bastante divertido cuando estaba de buen humor. Vivía prácticamente en la indigencia material a pesar del dinero que recibía y en un informe encargado por la policía prusiana se describía su apartamento de la siguiente manera: 'El dueño de un negocio de compraventa se avergonzaría de poner en venta semejante colección de cachivaches. Cuando se entra a la habitación de Carlos el humo y el olor a tabaco hace llorar los ojos... Todo está sucio y cubierto de polvo, de modo que sentarse se convierte en un asunto arriesgado'

Negó a sus hijas educación más allá de costura y clases de piano. Les prohibió estudios superiores.

Como colofón está el caso de Linchen. En todos sus estudios sobre el perverso capitalismo británico no encontró ni un solo ejemplo de un trabajador que no recibiera sueldo, pero lo había. Era su sirvienta Linchen. Le daban comida y bebida, pero nada más. Bueno, sí, se acostaba con ella y se quedó embarazada. Nunca reconoció al hijo y le hizo a su amigo Federico aceptarlo como suyo. Al hijo nunca le dijeron quien era su padre y tenía que visitar a su madre entrando por la puerta de servicio. Linchen fue el único miembro de la clase trabajadora que Carlos conoció en profundidad. Puede que de ahí sacara sus ideas sobre la explotación de los trabajadores.

En fin, no creo equivocarme si digo que a Carlos no creo que le hayan importado mucho los cien millones de muertos que sus seguidores llevan a sus espaldas, Incluso puede que, si se enterara de ello, sonriera.

P.D: gran parte de los datos de este post están extraidos del libro Intelectuales de Paul Johnson.

25 comentarios:

  1. Esos datos, que están extraidos de ese libro, son creo que muchos de ellos irrelevantes (la higiene). Otros suposiciones (lo de que nunca hay constancia de que hablara con algún obrero, ¿hay constancia de que yo hable alguna vez con alguien).
    Y se dejan lo importante que son sus ideas.
    Esos datos, como muchos de muchos libros de ese estilo, parecen el Sálvame de los intelectuales...¿que se acosto con la criada? uy que malo...¡a ver si va a ser un rojo!...

    ResponderEliminar
  2. Pues si me dices que te parece el sálvame, es que he acertado al escribir el post.

    Por supuesto que tenía ideas. Ya he puesto como estuvo buscando hechos que cotrastaran sus ideas y no los encontró. De hecho tuvo que tergiversar los hecho y modificar los datos para que casaran con su teoría. Como en Sálvame, efectivamente.

    A ti te parecerá que no tiene importancia que quisiera salvar a 'los trabajadores' sin escuchar lo que decían e intentando que ninguno de ellos dirigiera el partido comunista.

    Lo de los forúnculos te puede parecer irrelevante, pero escribió su libro sufiendo dolores intensísimos que le afectaban al descanso y a la mente. También queda muy de sálvame.

    Lo de que se acostó con la criada es anecdótico, ciertamente. Lo que no lo es es que buscara datos de explotación salvaje capitalista y los tuviera en su propia casa.

    ResponderEliminar
  3. Ja, ja, já.

    Parece que escribimos odiando a ese tipo, ¿eh?

    Un humor un poco zafio, admitámoslo.

    ResponderEliminar
  4. Pues fíjate que si contáramos la historia de muchos Papas, no saldrían mejor parados, pero (y haces muy bien) no mezclas churras con meninas en tus decisiones.

    ResponderEliminar
  5. No hay odio, NáN. Lo que hay es la confrontaión entre ideas (o ideales) y forma de vivirlas. No creo que sea posible sentar los postulados de una hermandad de los trabajadores despreciando a los trabajadores, por ejemplo.

    Creo que ese es el gran fallo de muchos intelectuales. Decirte como vivir sin aplicarse el cuento.

    ResponderEliminar
  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  7. Siempre digo que eso es lo que debería aplicarse a los cristianos, que tienen ideales; y ya ves cómo va la cosa y nadie les pide cuentas.

    A quien te dice que "vivas" como en el Evangelio, sí hay que exigirle que él viva igual. Pero la oposición al capitalismo no es una vivencia, como les gusta tener a las personas cursis, sino unas ideas potentes basadas en hechos contastados. ¿Acaso no es verdad que la acumulación de riqueza cada vez en menos manos es un hecho? ¿Y un hecho peligroso?

    O hablando de los sedientos de poder, de los crueles, ¿no lo fue Franco, con quien tan bien convivieron muchos de los que hoy forman un Partido, dedicándose a hacer oposiciones a puestos del Régimen, en lugar de a oponerse a ese régimen dictatorial?

    Pero en las teorías, lo que importa es su relevancia y, además del pormenorizado análisis de la plusvalía, que tanto ha servido para conseguir tantas cosas, y muchos otros análisis del Capital, de su potencia intelectual, pocos dudan, salvo los que tienen miedo a perder privilegios o los que, sin tenerlos, son sus compañeros de viaje.

    Intelectualmente, has caído bastante bajo con estos chismorreos. Porque los que no somos cristianos, no vamos a tener ideales cristianos que los propios no tienen, ni nos importan. Es ideal, o sea, ideal, no es lo nuestro.

    Mira, los que son los dos mejores poetas del XIX, que abrieron tantas puertas, eran un muchacho de 17 años y un hombre de 30 casado. Se emborrachaban a muerte, se daban por culo, se disparaban y herían por celos, esquilmaban a la mujer del de 30 y a todo el que pasara por delante. ¡Pero nada de eso quita un ápice al hecho de que Verlainey Rimbaud nos han dejado la mejor poesía! ¿Qué loco no la leería por eso? ¿Quién, en su sano juicio, haría una crítica literaria basada en esos hechos? Los beatos, sí; pero para de contar y ya te puedes imaginar lo que me importan.

    Durrell, el fantástico escritor del Cuarteto de Alejandría, se folló a su joven hija y esta se suicidó a los treinta y tantos años. No creo que lo tuviera entre mis amigos, pero no dejaré de leer y releer el Cuarteto.

    Uno de los mejores poetas del siglo Veinte, Ezra Pound, estaba loco en lo político-social y colaboró con Mussolini, pero fueron los de izquierda los que le libraron de la cárcel y le sacaron del manicomio en donde etsuvo encerrado y maltratado 11 años. ¡Porque su obra es inmensa!

    Dostoievsky se jugaba hasta a su madre.

    Y así uno y otro y otro. No desprecio a mucha gente riquísima por que sean ricos, sino por sus ideas y por sus maniobras políticas para serlo más (e igual a los de la supuesta izquierda que siga ese camino).

    Me la rula todo lo que cuentas por lo que respecta a mi opinión sobre el marxismo.

    Ya solo falta que traigas las ideas históricas de Pío Mora.

    Señor qué cruz. No sé ni por qué pierdo tiempo con algo tan de tertulia del corazón.

    ResponderEliminar
  8. Disiento ND, disiento.

    Demasiada simplificación, y con todo el respeto del mundo, comparar lo de la criada con la explotación capitalista me parece dogmático y próximo a la demagogia, por muy criticable que sean la actitud y los hechos.

    Pero esta es tan sólo mi opinión, y esta es tu casa.


    Una Roja No Marxista y Muy Leída.

    ResponderEliminar
  9. NáN, el arte y la política no son comparables porque el arte no tiene porqué dar una visón moral ni ética del mundo, pero una estructura filosófica que aspira a mejorar el mundo sí debería, creo yo, en la experiencia personal. A mí que alguien sea un hijoputa y escriba como Quevedo me parece estupendo, pero que uno sea un hijoputa y que diga que hay que terminar con la explotación del proletario... ahí ya no. Para dar lecciones, primero aplícate el cuento.

    Miguel hernández puede que sea el poeta que más me gusta. Fue comisario político al mando de El Campesino y mandó matar a gente en sus propias filas. Eso disminuye su valor como artista? no, pero que no me cuente milongas 'Para la Libertad'.

    Respecto al cristianismo, ya he dicho que yo soy ateo y que respondo de mis propios actos.

    Por otro lado, sólo alguien que vive en otro planeta negaría que el nivel de vida de prácticamente todo el mundo ha seguido subiendo desde que el señor Marx expusiera sus teorías. El capitalismo es tan malo que cada vez hay más gente que quiere serlo. Esas ideas contrastadas no las veis más que vosotros.

    Cada vez más gente accede a más riqueza porque la riqueza no es algo estático, es algo que se crea. No hay x riqueza y nada más.

    A mí de Franco me puedes contar lo que quieras, no me voy a hacer franquista ni voy a defender a los que le defendieron, entre ellos la iglesia española.

    El problema de poner a las ideas por encima de las personas es que se llevan a 100.000.000 de personas por delante. Desde luego que son ideas poderosas. Ese es el problema y no esa élite que domina el mundo en la oscuridad atontándonos con la sociedad de consumo sin dejarnos ver la realidad.

    ResponderEliminar
  10. Amanita, por supuesto que está simplificado. En un folio no cabe más, pero no sé por qué os parece mal exponer como trataba a la gente este señor que querría salvar al proletariado, pero a los proletarios los trató como el culo.

    ResponderEliminar
  11. Te ha quedado un post muy Carlos, pero eso tú ya lo sabes :)

    ResponderEliminar
  12. 100.000 millones de personas por delante y por detrás se las lleva el libre comercio todos los años. Y nadie dice nada.

    ¿Que cada vez hay más riqueza? Sí. Pero para unos pocos. A lo mejor tu mundo es otro. Que todo el mundo suda capitalismo. Cierto. ¿Y?

    Y que las ideas no son morales, a ver si lo entiendes de una vez. Las religiones sí. Es como si te contara cosas de la vida de grandes promotores del liberali9smo. Me dirías que qué tiene que ver eso con el concepto. Y tendrías razón.

    Pero sigues con el raca-raca de que hay que ser buenos. No señor, hay que ser eficientes: el que tenga una idea que mejore mi vida, por mí puede ser lo que quiera en su vida personal.

    ResponderEliminar
  13. Entonces supongo que las ideas antisemitas de los nazis no son criticables porque son ideas, no son morales. Será criticable que los mataran, pero no el tener las ideas. Me parece curioso.

    Por cierto, Marx también era profundamente antisemita a pesar de ser judío.

    El libre comercio, como su nombre indica es libre. Uno quiere vender, otro comprar e intercambian bienes y servicios por el precio acordado. Libre quiere decir libre.

    Yo escucho a lo que me contaron mis abuelos y lo que me cuentan mis padres y veo que estamos bastante mejor que hace cuarenta años y el mundo también. Todos los indicadores de bienestar y riqueza como número de médicos por mil habitantes, número de coches, de viviendas, de renta, de teléfonos, de educación, de esperanza de vida, número de electrodomésticos, consumo eléctrico, etc. han subido casi de manera continuada en los últimos sesenta años y supongo que estamos mejor que en el siglo XIX, pero a lo mejor no. Es cierto que puede ser que haya dos docenas de señores que tengan cada uno millones de coches, decenas de millones de teléfonos, cientos de miles de casas y miles de carreras universitarias cada uno, pero yo creo que todos esos números indican que estamos mejor que estábamos.

    ResponderEliminar
  14. Sois unos pesaos!!

    Si ya sabéis que no os vais a poner de acuerdo nunca, qué ganas de darle hilo a la cometa.

    Ale, vuelvo al ¡Hola!

    ResponderEliminar
  15. No es un hecho la acumulación de más riqueza en menos manos que ahora, para nada Nán.
    Yo estoy contigo, menudo incoherente el tal Carlitos.

    ResponderEliminar
  16. ¿Quién niega que la revolución industrial haya mejorado las condiciones de vida en ciertas partes del mundo?

    ¿Quién niega que se ha debido al Estado del Bienestar, y que precisamente eso es lo que está ajustando el neoliberalismo?

    Quizá no sea un hecho, son simplemente los datos de todos los grandes organismos, que insisten en que en los años de bonanza (ni quiero pensar en lo que ocurrirá ahora) el diferencial entre los ricos y pobre ha aumentado. Triste gap, porque no es porque los de abajo hayan crecido y los de arriba más: es que los de abajo han retrocedido.

    En este fabuloso mundo, 1.600.000.000 millones de personas no tienen electricidad y 3.000.000.000 millones de personas cocinan con combustibles indebidos. Y cada 6 segundos, muere un niño de malnutrición o de enfermedades absolutamente curables. Las Compñías farmacéuticas han denunciado, y ganado el caso, a los gobiernos que fabricaron retrovirales baratos, que los enfermos de sida de esos países no podíanpagar a precios de mercado. El derecho sagrado a la propiedad está por encima de de las vidas. Y...

    ¡Jol, Annie! Deja jugar a los niños. Pero prometo solemnemente no intervenir más hoy.

    "Hermandad de los trabajadores"... no había caído en que era un post de humor. En cuanto metas a la abeja maya, vuelvo a contestar.

    ResponderEliminar
  17. La verdad, ese libro no me parece muy imparcial. ¿De verdad se puede asegurar que Carlos Marx no llegara a hablar nunca con un trabajador? ¿Eso es algo que se pueda afirmar con rotundidad? ¿El escritor del libro se pegó toda su vida siguiéndole? Porque es la única manera que se me ocurre de afirmar algo así. Por otra parte, ¿cómo puede el libro dar a entender que las ideas de Carlos Marx no iban destinadas a ayudar al trabajador? Turnos de veinte horas, trabajadores obligados a dormir junto a sus máquinas, años de trabajo de sus hijos vendidos a la empresa (hoy en día eso se considera esclavitud), niños sin escolarizar, trabajando desde que aprendían a andar, falta total de sanidad, personas que se morían de hambre...eso es lo que hacía entonces el capitalismo (y lo sigue haciendo en muchos países). No estoy diciendo que las teorías de Carlos Marx fueran las más acertadas, pero su finalidad última sin duda era evitar que se siguiera exprimiendo a los trabajadores. Se puede criticar muchas cosas de sus ideas, pero ¿que no se preocupaba del obrero?.

    ResponderEliminar
  18. Doctora, por supuesto que pudo haber hablado con algún obrero, pero de lo que no hay constancia (y hay cientos de miles de folios de sus escritos, sus cartas y las cartas y escritos de los que lo conocieron) de que fuera a visitar una fábrica. De lo que sí que hay constancia es de que consideraba a los trabajadores carne de cañón, la herramienta para ejecutar los fines que él pensaba. Quitó a todos los trabajadores de los puestos de responsabilidad de su partido y se dedicó a difamarlos e incluso a denunciarlos a la policía. Tenía dossiers de cada uno de sus conocidos y los denunció cuando se interponían en su camino.

    Marx los datos que utilizó sobre niños esclavizados y jornadas laborales interminables ya estaban mejorando. Utilizó datos de cuarenta años antes. Ya se habían publicado hacía décadas las leyes de fábricas de 1833 de Lord Althorp que mejoraron las condiciones de trabajo y siguieron mejorando y los trabajadores lo veían. Por eso no tuvo ningún éxito en Gran Bretaña porque los trabajadores percibían claramente que sus condiciones mejoraban.

    Además, como he dicho, eran los propios dueños de fábricas los que denunciaban a sus competidores que no cumplían las leyes y eso ayudó a mejorar la condición de los trabajadores. Marx no ayudó casi nada a eso, al menos en UK.

    ResponderEliminar
  19. Pseudosociólaga, gracias por el apoyo. A veces una palmada en la espalda viene bien.

    ResponderEliminar
  20. ND, que las conciciones de trabajo en ese momento fueran mejores de cuarenta años atrás no quiere decir que fueran buenas. De hecho, las condiciones de aquella época ahora serían algo impensable en un país del primer mundo. No soy una persona dada a mitificar a nadie, y desde luego no a Carlos Marx, pero sinceramente intentar convencer a alguien de que esta persona iba en contra de los trabajadores... me da la sensación de que el autor del libro no se ha leído mucho las teorías que escribió, sino que se ha centrado en su biografía, o a veces incluso en la rumorología.

    ResponderEliminar
  21. NáN, las condiciones de vida mejoran día a día y es en parte gracias al estado del bienestar, pero de ese estado no saben nada en muchísimos países que están muchísimo mejor que hace cincuenta años.

    Respecto a la combustión ineficiente, cualquier coche es menos eficiente que una central eléctrica y dentro de estas las más eficientes son las nucleares. China abre una central térmica de carbón a la semana, Cualquier cocina de cualquier casa es menos eficiente que una industrial. De hecho, lo más eficiente energéticamente es extinguirnos.

    Lo creas o no soy consciente de que hay muchísimas injusticias en el mundo.

    Respecto a las farmacéuticas claro que investigan para tener beneficios y no se gastan 50000 millones de dólares al año por capricho. Cuando se descubrió la penicilina, se traficaba con ella como aparece en el tercer hombre. Ahora se trafica con medicamentos del sida, pero no desde el primer mundo al tercero, sino al revés.

    Por supuesto que sería deseable que todo el mundo estuviera a salvo de todas las enfermedes, pero será mejor tener un remedio, aunque caro que no tener ninguno, creo.

    ¿Que si estuviera en mi mano le quitaría la patente y lo daría gratis? Pues sí, pero yo no lo he inventado y no puedo hacerlo.

    ResponderEliminar
  22. Doctora, claro que han mejorado las condiciones de vida de los trabajadores y que las que había en tiempos de Marx son peores.

    No digo que Marx fuera contra los trabajadores, digo que iba contra el capital y usaba a los trabajadores como fuerza de choque sin derecho a opinar.

    ResponderEliminar
  23. ahhh las ideas y la coherencia!!! qué bonito... si en el mundo en el vivimos todos fuésemos buenos y honrados y coherentes y generosos y desprendidos y nos preocupásemos de los demás. Pero no es así.
    Y si no ¿por qué los politicos ( que se preocupan tanto del trabajador) no renuncian a sus sueldos vitalicios en favor de los pobres? ¿por qué hasta los gerentes del sistema solicitan las "ayudas sociales"?, ¿por qué cuando a cada uno de nosotros nos toca "compartir" nuestro sueldo decimos que no? ¿por que compramos en los chinos y no en el comercio justo? ¿por qué nos importa un bledo el mundo cuando nos toca perder algo de lo nuestro?.
    Es muy facil teorizar del mundo y del capitalismo, así de charla de café, pero nuestra casa es una pequeña empresa y ¿cómo actuamos?,igual que los empresarios que tanto criticamos.
    Ej. Cuando contratamos a una persona de servicio domestico cuánto pagamos y cómo lo hacemos, (en blanco? en negro?) si en un taller nos quitan el IVA, ¿que decimos?...
    Si seguimos unas ideas independientemente de quien las diga y cómo actúe, en mi opinión, vamos muy mal.

    Por último, creo que cada época hay que verla desde la persperctiva de ése momento y no del actual ni de decadas anteriores.

    ResponderEliminar
  24. Tienes mucha razón, 112. El mundo en el que vivimos no es ideal y tampoco lo somos las personas.

    ResponderEliminar