Pensando...

Ha llegado el frío. Yo ya me había dado cuenta la semana pasada en Albacete cuando se nos congeló el registrador y se nos quedaron los cables de los equipos rígidos y costó un montón volverlos a guardar en sus maletas.

El frío me gusta. Preferiría estar a 15 grados que a 0, pero prefiero estar a 0 que a 30. Ahora además está nevando. Claro, que para verlo tengo que subirme encima de una mesa para mirar por nuestros ventanucos que están a más de dos metros de altura y no miden de alto más de 30 centímetros. Seguro que aquí se incumplen varias normas de seguridad y salud. De hecho una vez me inmiscuí en una conversación de mi jefe con su jefe en la que hablaban de que la de prevención de riesgos laborales había hecho un informe en el que decía que había que cambiar varias cosas en nuestro cubículo y que costaría unos 7000€. El jefe de mi jefe dijo 'ese dinero no se va a gastar'.

Por ejemplo en nuestro cubículo somos bastantes chicos (bueno, hombres) y dos chicas (bueno, mujeres) y solo hay un cuarto de baño que compartimos como podemos. El cuarto de baño tiene dos lavabos, un retrete y dos urinarios. El espejo de uno de los lavabos da una visión panorámica de los urinarios. Así que se dan situaciones como que uno de nosotros esté meando y entre alguien a lavarse los dientes o los tapers de la comida y tenga como panorama un pantalón a medio bajar y como banda sonora un chorrito de estilo más o menos zen.

Otra de las curiosidades que tiene nuestro sitio de trabajo es que no tiene radiadores, ni uno solo. Tenemos un aparato de aire acondicionado de esos que también calientan (que no que tan bien calientan, no) que consiguen un efecto amodorrante acojonante mientras que los pies se te quedan como carámbanos. Debe de haber una diferencia de temperatura entre cabeza y pies de unos 15 grados.

Pero el problema mayor llega con el cuarto de baño en invierno. Allí no entra ni el calor amodorrante ni nada. No hay ni una estufilla. Lo único, el secador de manos, pero hay que estar allí para pulsarlo. Además, una vez hechas nuestras necesidades abrimos el ventanuco, pero luego no volvemos a cerrarlo con lo que el siguiente que necesita sentarse en la taza tiene que tener una necesidad de vida o muerte. Tienes que ir con el trabajo medio hecho porque si pasas más de dos minutos en esa taza corres el riesgo de quedarte como el de la foto, que para mí que en vez del pensador era el cagador. No iba con el trabajo adelantado y se quedó allí.

6 comentarios:

  1. ¡Primer! En el baño de mi trabajo pasa lo mismo, tenemos un frío pelón; no sólo no tiene radiadores, sino que tiene las ventanas abiertas todo el día. Afortunadamente, tenemos dos; uno para hombres y otro para mujeres. Ahora que lo pienso, ¡Sois tan modernos como los de Ally McBeal!

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  2. No te creas, más que modernos somos cutres.

    Ahora, que hay una compañera que dice que ella no cierra la puerta porque le da miedo. Entre que hay que ir preparado y que no cierra la puerta, cualquier día alguien se le sienta encima.

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  3. Aissss, enchufar calefactores de pies y poner un biombo en el baño pordios...

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  4. Yo que trabajé en la empresa patera, con su nave en Azuqueca siempre bajo cero y sin calefacción, con los baños que nunca conocieron una fregona, que nunca tuvo una licencia de actividad, me solidarizo contigo :)

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  5. Pseudosocióloga, el espacio para el biombo es inexistente, no es una opción.

    Gracias, Juanjo, por tu solidaridad. La mía está muy cerca de ser una empresa patera, aunque pública.

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  6. La mía más que pública era púbica...
    Perdón, no he podido contenerme.

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