La condición ferroviaria

La próxima semana pasaré, como ya os he contado, las noches al raso entre el Mediterráneo y la Mancha. Hermosas experiencias que te cargan de anécdotas y experiencias. De eso quiero hablaros hoy. No voy a hablar de la condición humana, sino de la condición ferroviaria, entendida no como la gente que trabaja en los ferrocarriles sino la gente que ES de los ferrocarriles. Son una raza aparte, son tipos humanos que parecen salidos de un pasado lejano, como si hubieran viajado en el tiempo y aparecieran anacrónicos en medio de nosotros. Quiero dejar claro que no todos son así, pero para las anécdotas sirven mejor los que describo.

Por lo general son gente que no hace nada en la vida más que acompañarte y que creen que por eso ya deberías estarles agradecidos. Para nuestras medidas muchas veces tenemos que llevar a sitios casi inaccesibles cincuenta kilos de pesas, además de los equipos. Muchas veces hay que ir andando por la vía, que, para los que no lo hayáis hecho, os digo que es algo bastante incómodo, cargado con todo y ellos no mueven ni un dedo para ayudarte.

Además, son gente acostumbrada a que les rindas pleitesía y vayas, cual ayudante, pagándoles todo lo que les venga en gana. Hay escenas de auténtica miseria y bochorno. Me acuerdo unas medidas en un pueblo de Guadalajara en las que lo pasamos bastante mal porque estaba cayendo aguanieve. Estando helados y quedamos en que nos veíamos en el café del pueblo. Pues bien, nos retrasamos un poco recogiendo los equipos (porque ellos no estaban allí para eso) y hasta que no nos vieron entrar en el bar no se pidieron ni un café. ¡Un café para calentarse, coño! ¡No te vas a morir si al final no aparecemos y lo tienes que pagar tú!

Hay otro detalle característico y es que tú vas con dos personas de estas y cuando llega la hora de la comida empiezan a llamar por teléfono y se te presentan a comer un número indeterminado de personas (entre 4 y 6) que no conoces de nada, que no te dirigen la palabra y a los que tienes que pagar la comida. Terminado este evento, se van sin darte las gracias ni siquiera un hasta luego.

Las comidas son fuente de muchas anécdotas. Por ejemplo, otra vez fuimos a un restaurante como unos diez de mi empresa y un ferroviario. Todos pedimos el menú del día y él se pidió el menú especial que era tres veces más caro. Para mí eso es ser miserable, pero al final es el que te tiene que certificar los trabajos. Al día siguiente le dimos esquinazo y le vimos comiendo sólo en un chino súpercutre. Claro, que para cutre, él. Empieza por ser buena persona y, a lo mejor, tienes con quien compartir la mesa.

Hay auténticos profesionales de esto. El otro día, ese viaje me lo perdí, estaban unos compañeros míos haciendo unos viajes de homologación y el responsable del convoy paraba en todos los pueblos que tenían bar en la estación y que, además, tenían Cutty Shark. Eso ya es de profesional, profesional. Además se cargaba tanto el whisky que la cocacola se la ofrecía al resto.

Hubo otro hace un par de años que como se retrasaron las medidas se metió en una whiskería (otra manera de decir puticlub) que había al lado de la estación y nos dijo que le llamáramos cuando fuéramos a medir.

Otra vez, unos compañeros míos tuvieron que pagar una comida para seis de más de seiscientos euros en Galicia. Además se les hizo tarde para seguir viendo la vía y tuvieron que quedarse otro día más.

Además su conversación es de una amenidad pasmosa. Por ejemplo, un compañero mío comentó que había estado un mes en la Antártida en una expedición científica y en vez de decir que guay, o vaya frío que tenía que hacer, o algo así, soltó:'' Joder, un mes sin follar, yo no lo aguantaría!'. En fin, eso pasa por intentar elevar el nivel de la conversación.

Otra vez fui a Barcelona a visitar a un distribuidor de equipos y nada más llegar nos invitaron a comer, estuvimos comiendo hasta las cinco de la tarde cuando el tren salía a las seis. Nos llevaron a su almacén vimos por encima los equipos y... perdimos el tren de vuelta. Fuimos a Barcelona para comer y perder el tren de vuelta.

No estoy en contra de las comidas, no creáis. Yo también zampo, tampoco voy a ser el tonto que paga y quedarme sin probarlo, pero a mí me daría vergüenza estar al otro lado y comportarme de esa manera. Porque a ellos también les pagan dietas o pueden ir a gastos pagados, pero prefieren que no se enteren en su empresa de lo que se meten entre pecho y espalda. Cuenta uno, que ahora está en el reverso tenebroso, que una vez tuvo que pagar una mariscada en la que uno de estos de postre se pidió otra ración de percebes.

En fin, la próxima semana estaré rodeado de estos seres encantadores que, en estas entrañables fechas, hacen que, más que nunca, eches de menos a la familia.

23 comentarios:

  1. ¡ostras! jamás se me había ocurrido pensar en los ferroviarios, me has abierto los ojos...exactamente ¿ a que se dedican? y ¿por qué son todos iguales?

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  2. Se dedican a que les paguemos comidas (y su sueldo, claro, que son empleados públicos). No descarto que alguno trabaje, pero todavía no lo he encontrado.

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  3. Y todo eso sin ser catalanes.Yo, en una ocasión, vi como después de una comida a base de mariscos y chuletón en el restaurante más caro de Montreal, el certificador se pedía un puro cubano de la leche y después de encenderlo decía que era falso, le trajeron otro y después de empezarlo y apagarlo lo mismo, al tercero se conformó, cogió los apagados y se los metió en el bolsillo.Yo quería morir, los ingenieros me tuvieron que contener para que no le saltara a la yugular.El certificador era funcionario español.

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  4. Pues será algo extensible al certificador en general. Yo, como sólo he tratado con estos...

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  5. Pffff, qué suerte. A mí me intentan colar alguna de esas (yo soy la encargada de que en mi empresa no se hagan esas cosas), y yo he prohibido incluso los cubatas después del café. ¡Vamos, anda!

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  6. Bueno, pero eso son criterios de empresa. Normalmente aquí el que no invita, no consigue contrato. Así que si quieres que te caiga algún contrato, tienes que pagar. Es la mordida española.

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  7. Ah, la gente a la que le ponen una gorra y un cigarrillo liado (apagado) en la comisura de los labios.
    Ah, la gente de ventas e intermediarios de contratos, obligados por su madre a que el contrato salga.
    Ah, ¿cuánto PIB se va en PIBas de pago, de mucho pago, tras mariscos, hotelazos y hasta “sobres” para que la fábrica Z fabrique unos aparaticos que llevan tornillos que compran a la fábrica Y (tras el mordisquito), que…?
    Mientras el dinero no se esconda en las Islas Caimán, que se lo comen todo y si te he visto no me acuerdo, nada se crea ni se pierde: solo se transforma.

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  8. En mi última tabulación una comercial me preguntó qué tenían que hacer para satisfacerme...
    Se me erizan los pelos de la nuca recordándolo, puf

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  9. Yo no he llagado a tanto, también es cierto que yo no soy comercial, pero no me extraña que se te erizara todo.

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  10. N.D: importantíiiiiisimo, llévate unos marianos estilo termolactil. Yo le regalé dos pares a un amigo, que me miró como si viniera de otro planeta y fuera el colmo del mal gusto, pero que a la vuelta me infló a besos y me pidió la dirección de la tienda.

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  11. ¡¡¡¡Mi suegro es ferroviario!!!
    Jubilado eso si.
    Mucho tiempo, le llamaba para preguntarle sitios donde comer. Si tenía estación te decía un sitio bueno seguro...

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  12. Gracias por el consejo, Amanita. Ya tengo poco tiempo de maniobra.

    Gonzalo, sí de que los ferroviarios comen bien no tengo dudas, más bien certezas.

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  13. Qué son unos marianos??? Sácame de dudas porque me imagino a Rajoy y no me da calor precisamente.

    Yo hubo un tiempo en que fui Cliente (sí, así con mayúsculas) y me daban mucha vergüenza esas cosas. No lo supe aprovechar, me temo.

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  14. Annie, mujer, que parece que hayas nacido ayer, con calefacción en todas las casas.

    Unos marianos son esos calzoncillos de felpilla que legan hasta los tobillos. Seguro que en películas del Oeste has visto a un vaquero que se quitaba los pantalones e iba con ellos.

    Los dos primeros años de tesis de mi hijo estuvieron marcados por un protocolo aleatorio que marcaba cuándo tenía que hacer mediciones en un puto río de montaña navarro cercano a la zona euskalduna, pernoctando en cabañas de guardias forestales. Y si el protocolo decía 5 y 6 de enero, para allá que se iba hiciera frío, lloviera o nevara): los marianos le salvaban. Incluso cuando se tenía que pasar 8 horas dentro del río, con el neopreno, debajo llevaba sus marianos.

    Cuando vea cerca el fin del mundo, y el fallo en cadena de todos los sistemas de calefacción, lo primero que haré será comprarme 10 pares.

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  15. Gracias NáN. Los conocía pero con otro nombre, o más bien sin nombre.

    Querido, yo nací ayer, ¿acaso no se nota mi juventud?

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  16. Gracias por lo de la foto, aunque me costó encontrar alguna buena sobre vías. Este tipo de desvíos ya no se hacen. Es un triple desvío en los que hay que circular muy despacio. Quedan algunos en talleres o depósitos.

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  17. Ya no se harán, esos desvíos. Pero hay que rendir homenaje a la gente capaz de imaginar esa solución. A veces pienso que es injusto que un escritor deje una obra por la que es reconocido; que un científico deje una teoría por la que es reconocido; pero que un ingeniero dé soluciones tan elegantes y eficaces a un problema, y nadie sepa quién fue. Y no estoy diciendo que todos los ingenieros lo merezcan, sino de los que lo merecen.

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  18. Tienes razón, NáN. Un profesor de la universidad decía que un ingeniero es el que resuelve problemas. Creo que es verdad, pero dentro de resolverlos, se puede hacer de una manera más o menos elegante.

    Pero creo que es un objetivo, si no secundario, casi. Porque hoy en día la belleza está por delante de la funcionalidad y te ves cosas(cubiertos, lámparas, sofás) que son muy bonitos, pero no sirven para nada.

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  19. Claro, pero son elegancias de "adorno" para una Sociedad del Espectáculo (casi diría una sociedad neobarroca, en lo que tiene de perifollo y falta de fundamento).

    La elegancia la veo de otra manera: en algo que tenga sentido, sirva y esté expresado con la máxima sencillez. Una frase bien construida, una música, un cuadro, un edificio... en los que no sobra ni falta nada y cumplen su cometido.

    Se pueden resolver problemas creando otros problemas, o hacerlo con los mínimos recursos y ordenadamente: a eso lo llamo una solución elegante.

    Me pasé un buen rato viendo esas vías con esos cambios y me dio esa sensación. El problema de los ingenieros es que no tienen autoría sobre lo original, porque normalmente hay todo un equipo detrás, y además su trabajo pertenece a la empresa que los ha contratado. Lo mismo pasa en la arquitectura, pero algunos arquitectos se hacen famosos.

    Además, no siempre tienen que dar soluciones nuevas, sino elegir la más adecuada entre las múltiples que existen y que deben, por oficio, conocer.

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  20. El caso de los arquitectos es especialmente sangrante porque necesitan que un ingeniero les haga los cálculos de sus estructuras, siempre que sean de más de x pisos o presenten problemas estructurales.

    Es cierto que no hay muchos ingenieros famosos y se conocen más las obras que los que las han ideado, planificado y realizado.

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  21. Yo no lo cojo. ¿Por qué tienen que pagar la comida a esos señores?

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